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roberto zucco

Mi patria es mi infancia. "Contra Franco vivíamos mejor" (3)

Mi patria es mi infancia. "Contra Franco vivíamos mejor" (3)

  El día que entré en aquel aula de la Facultad de Filosofía y Letras se me calló el mundo a los pies. Era una más del llamado Edificio Interfacultades de la Universidad de Zaragoza, y su estilo era absolutamente diferente al de las de la vetusta pero al fin y al cabo elegante Facultad de Derecho que acababa de abandonar. Enorme, destartalada, funcional y pintada de blanco, la bauticé como “la fábrica de harinas”. 

Yo había tomado precauciones antes. Confieso que estaba francamente preocupado con mi futuro y estaba imbuido de una asfixiante presión conmigo mismo. Lo de abandonar Derecho lo interpretaba como un fracaso absoluto, y, entre pitos y flautas, consideraba que ya había perdido un par de años de mi vida si sumábamos el anterior el que me dedicaba a examinarme una y otra vez de aquellas malditas asignaturas de Preu. Lo que era seguro es que los que habían sido amigos y compañeros de colegio estaban empezando ya tercer curso y que yo, sin embargo, me disponía a empezar una nueva carrera universitaria. Estaba perdiendo puestos en la carrera ciclista de la vida y decidí tomar precauciones. 

Uno de mis principales enemigos ha sido la dificultad que siempre he tenido para madrugar. Sigo teniéndola todavía, y estoy convencido de que ese factor ha marcado en alguna que otra ocasión mi propia existencia en aspectos laborales y personales de enorme importancia. Levantarme a golpe de despertador ha supuesto siempre uno de mis problemas más constantes. Consciente de esa carencia, tenía que inventar necesariamente un sistema que me predispusiera y facilitara levantarme temprano con una motivación añadida para luego acudir a la nueva Facultad, y, de esta manera, no perder clases. Y la posible solución la encontré inscribiéndome en un gimnasio para recibir clases de karate.

Tal vez esto sea una de las cosas más pintorescas que he hecho a lo largo de toda mi vida, y desde luego, puedo asegurar que el remedio funcionó bien al menos durante algunos meses. Yo, ciertamente, no puedo considerarme como una persona que haya practicado demasiado deporte, a diferencia de mi propio padre. Sin embargo, creo haber tenido un cuerpo dotado de una notable flexibilidad y reflejos, que si hubiera sido entrenado de manera conveniente, me hubiera permitido ciertas posibilidades, incluso las que hubieran tenido un ámbito de expresión en el propio teatro. Siempre he sospechado que si hubiera nacido en Italia, por ejemplo, podría haberme especializado en encarnar el personaje de “Pantalone”, de la Comedia dell´arte, o que, si hubiera tenido más perseverancia, hubiera podido llegar a ser un buen jugador de tenis de mesa. (Aunque esto último sí que lo fui, en unos términos relativos). 

El karate me atraía por dos razones. La primera porque podía ser una buena manera de asegurar mi propia integridad, lo cual desde luego no era ninguna bobada atendiendo a mi estatura y a mi falta de fortaleza física. Y la segunda, porque lo oriental, un poco  en abstracto, tenía entonces para mí un cierto interés. De hecho ya me había comprado algún que otro libro divulgativo sobre el tema, y durante los veraneos en Torredembarra aprovechaba el tiempo para aporrear una columna de la terraza de nuestro pequeño apartamento  familiar que había revestido previamente con un almohadilla de pajas y que tenía un nombre técnico que se me ha olvidado por completo, con la esperanza de endurecer mis nudillos. 

Me matriculé en un gimnasio cerca de nuestra casa y me compré el correspondiente kimono. Todas las mañanas acudía con puntualidad a aquel lugar, me vestía ritualmente, y me adentraba en un mundo que desconocía por completo y que estaba constituido por una grandes dosis de competitividad masculina y un persistente olor a axila. Pero aguanté un tiempo. Justo hasta el día en que nuestro profesor decidió enfrenarnos en parejas. La persona que me tocó en suerte decidió no atender a mis deseos, y comenzó a propinarme una catarata de patadas y tortazos que sirvieron para hacerme cambiar inmediatamente de expectativas.  

Aquí se acabó mi prometedora carrera de karateca.  

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6 comentarios

Rain -

Hubieras sido un émulo de los karatecas eximios, y luego quién sabe, te hubieras aproximado al gran Bruce Lee.

:) Llegaste al teatro, definitvamente..., enhorabuena.

Elena -

Oye, Zucco, ¿tú eres muy mayorcirto, o no? A veces me pareces tan joven... Otras veces te imagino como un viajecito simpático. Me encantas, ya lo sabes. ¿Cuándo quiees que vaya a Zaragoza?

rythmduel -

Ehhh... que me acabo de ver en tu lista de enlaces. Todo un honor, por ser vos quien sois.

rythmduel -

Mi experiencia con el karate fue muy similar a la tuya. Avancé bastante, pero no soportaba la agresividad competitiva de alguno de mis compañeros. Así que lo cambié por la natación, que sigo practicando.

A diferencia tuya, yo siempre he tenido facilidad para despertarme, y eso que duermo como un tronco y de un tirón. Pero debo de tener un reloj interno que me avisa unos segundos antes de que suene el despertador. Suena a "boutade" pero es así. Si me tengo que levantar a las 6:30, puedes estar seguro que a las 6:28 se me abrirán los ojos, salvo que este enfermo, resacoso (hace tanto ya de eso...) o extremadamente cansado.

Calamity -

Ay Zucco querido, ¡por fin te has cambiado de blog! Lo de Bitácoras estaba insufrible. No había manera de leerte en condiciones (y de comentarte ya no digamos). Llevo un tremendo retraso con tu bitácora. Ahora no tengo mucho tiempo de ponerme en serio con ella (que nadie interrumpa este momento de confesión entre tus letras y mis pensamientos). Luego vengo con más calma.

Me alegro muchíiiisimo de poder leerte de nuevo. Un beso muy fuerte. C.

Chusbg -

Hola de nuevo Zucco, vuelvo por aquí un poco avergonzado después de tanto tiempo pero los acontecimientos que uno va pasando, van marcando los sitios a los que un va o puede ir, vuelvo y me encuentro con esto muy cambiado, si te digo la verdad me gusta más, lo que no desmerece para nada el anterior.

En cuanto a lo que dices de que con Franco vivíamos mejor, es una frase que se ha acuñado y que puede querer decir muchas cosas, es un poco como pasa en gran hermano, siempre hay uno que quieren echar y casi todos están de acuerdo, es fácil, no hay que pensar, ese fuera y no soy yo, con Franco igual, era fácil estar contra él, los diferentes matices ideológicos se confundían, había una cosa unánime, una cosa que unía, luego al faltar, pasa como en gran hermano, hay que buscar otra contra la que ir, la costumbre es muy marcada, no podemos, ni tenemos todavía muy claro cómo se usa la libertad y claro, empieza el desconcierto, el miedo que con la hipocresía imperante nos hace estar menos seguros de nosotros mismos, no sabemos dónde posicionarnos y si lo haremos correctamente, no es tan fácil, no todo es blanco o negro como antes, ahora hay grises entre medio y eso te hace trabajar, te descoloca, te hace posicionarte y eso no gusta, como yo digo, entonces de verdad es cuando se nos ve el plumero, cuantos iban a las fiestas del PC y a lo que iban es para ver si ligaban algo, disimulando unas posiciones políticas que no tenían, por eso contra Franco era mejor, nos podíamos y podíamos engañar mejor. A las pruebas me remito, hasta federico Jiménez Losantos farda de que el era más de izquierdas que nadie y yo no me lo creo, seguramente pensó que así pillaría cacho, pues ya vemos ahora donde se arrima, y el cacho que pilla, y como éste, no tan famosos te podría decir cientos y tu a mi seguro que más.

Un saludo muy cordial
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