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roberto zucco

Cenas de navidad

Cenas de navidad

1.

Un amigo me escribe: “Roberto, te felicito los días posteriores a la navidad, porque en estos no me es posible”. Con este espíritu escéptico yo solía enfocar estos días navideños, sus prólogos, sus fechas señaladas y sus epílogos. Nunca supe porqué, pero la navidad jamás me terminó de gustar, tal vez porque supuso siempre un molesto paréntesis en la rutina del colegio, del trabajo, de la vida normal, que es donde verdaderamente me ha gustado estar instalado.

 

Sucede, sin embargo, que este año las circunstancias de mi vida han dado un giro de ciento ochenta grados con respecto a la situación de hace 365 días. Ya no están las personas con las que siempre compartí esas noches, y que, a modo de compensación, la vida me hizo coincidir con la que actualmente es mi compañera, aunque ahora se encuentra al otro lado del Atlántico. Todo esto le confiere a estas fechas un carácter de estreno de un nuevo capítulo en mi propia vida y eso siempre contiene un grado de incertidumbre. No sé, no sé...  me siento bien, aunque tristón, bastante ansioso, expectante, esperanzado.

  2.

Cuando hablaba de los prólogos me estaba refiriendo a las cenas prenavideñas, que suelen organizarse entre amigos del colegio que hace tiempo que no comparten pupitre, o compañeros de trabajo que actualmente participan del mal rollo o buen rollo laboral.

  

Este año no ha habido cena del colegio y lo siento. Desde que Emilio P. dimitió como coordinador del evento, por razones que no quedaron demasiado claras, lo cierto es que ya no veo a algunas personas con las que me une un lazo invisible de simpatía. Compartir un naufragio da para mucho y volver a ver a sus víctimas es una buena terapia contra el olvido.

  

Sin embargo, he tenido varias cenas de las segundas. Es decir, cenas organizadas por la empresa o por círculos concretos de compañeros y compañeras del trabajo, algo que yo no frecuentaba con anterioridad.

  3

Así las cosas, el miércoles cené con Emma, Isabel, Teresa y Lucía, cuatro compañeras, queridas amigas ya, que en todo momento me trataron como “una más”, y no evidenciaron nuestra flagrante diferencia de sexo. Si antes me parecían enormemente majas, ahora estoy a la búsqueda y captura de un adjetivo que les haga justicia, y todavía no lo he encontrado. Emma me encanta: pase lo que pase sabe estar en los sitios, mantiene una calma tibetana y todo lo que dice o hace pasa el control de calidad de la coherencia y de una sabiduría práctica que siempre me ha maravillado. Como Mayte es de Bilbao hay un primer peldaño que cuesta poco subir para relacionarse con ella. Ya en el entresuelo te das cuenta que sabe un huevo de lo suyo. En la azotea le has mirado el escote por el que asoma un gran corazón. De Isabel siempre pensé que un día la vida le dará un premio. Se lo merece por buena gente y buena profesional aunque ahora mismo atraviesa un periodo de crisis que, sin duda, va a superar pronto. Lucía fue primero una prometedora voz al teléfono desde Japón. Cuando la voz se hizo carne y habitó entre nosotros, pude comprobar que es lista, lista, lista. Y buena, buena, buena. Y generosa, generosa, generosa. Ella sabe porqué digo esto.

 4

Y hace dos días tuve la gran cena de la empresa donde trabajo de vez en cuando. La cena vino precedida por una jornada de convivencia de esas que se organizan en las grandes empresas americanas y que a algunos nos parecen auténticas bobadas. No hay convivencia mejor que irse a un bar a contarse la vida, o directamente a la cara, sin intermediarios, animadores ni técnicas infantiloides para que “cada uno saque lo que lleva dentro”. Yo, lo que llevo dentro, lo saco cuando me da la gana y sin esfuerzo alguno, excepto si me ponen precisamente un par de cretinos para intentar sacarlo.

  

Por la noche cenamos, como digo, en un hotel céntrico de la ciudad. La mayoría de los comensales nos desconocíamos por completo, puesto que a lo largo de los últimos meses ha habido un importante número de incorporaciones. Gente, en su mayoría, “joven y muy preparada” en sus respectivos terrenos profesionales. Como siempre ocurre, nos fuimos acercando al centro de la pista los corazones afines, que con un par de tragos se hacen todavía más afines. En medio de la verbena nos quedamos, pues, los escépticos, los humanistas, los que sabemos llorar de vez en cuando, los que nos pasamos el día riéndonos, los que compartimos un parecido sentido del humor, los que no nos fallaríamos nunca, los que tenemos al amor en un alto concepto, los que nos caemos de puta madre, los que cuando alguien está triste, como yo estas navidades, aparecen de vez en cuando, de puntillas, sin querer molestar demasiado, para recordarme que siguen estando ahí: además de las cinco anteriores, Javier, Eva, Isabel, Begoña, Alfonso, Angela, Elena, Paco...

  

Ahí mismito.

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5 comentarios

Comella -

Que el 2007 llene de post este nuevo blog Roberto ;) Mucha suerte en tu nuevo camino blogero y todo lo mejor para este año que entra.
Un fuerte abrazo.

Futbol -

Mañana dia 28 de Diciembre
Partido INTERNACIONAL entre las selecciones absolutas ARAGON y CHILE

A las 20:30 de la Noche
En la ROMAREDA

Traete tu portatil, tu camara de fotos, tu movil con acceso a flickr y/o Youtube

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Primer partido internacional blogueado en directo.
TE ESTAMOS ESPERANDO

rythmduel -

En definitiva... aquellos que saben reconocerse sin palabras.

Las Navidades en las que falta un ser querido recientemente perdido son tristes, descorazonadoras, vacías. El miembro amputado se resiste a la ausencia y rellena su hueco de dolor, sentimientos, añoranzas... A uno mismo, vestido de melancolía, le gustaría que los días pasaran, que los demás no fueran felices, que las luces no parpadearan. Pero el dolor es necesario para recobrar la memoria justa, aquella que nos permite volver a gozar con plenitud a los que tanto quisimos.

Un fuerte abrazo, amigo.

Lau -

Roberto, FELIZ NAVIDAD. Me gusta leer tus experiencias, tus opiniones... si. Sigo pasando por aquí este año que empieza dentro de ná y en esta casita nueva.
¿Un café?
Un besazo ;)

Rain -

Mi querido Roberto Zucco, en mi caso, siempre vi la Navidad como el perfecto pretexto para jugar. O sea para ser niño/niño hasta el tuétano. Ahora que te escribo, estoy algo triste. Perdona, son los misterios de la vida. Y por eso me hace bien, saludarte, después de haber leído tu post, sellado por esa sinceridad tuya que sé nos acerca a los que leímos una primera vez, tu blog.
Brindemos, Roberto Zucco, por los niños y/o por la Navidad, por los amigos y ese amor lejano o cercano que nos espera y al que esperamos.

No sé, algo inexplicable llega y aquí estoy. Espero que sin el molesto dulce. Espero que gratamente, nada más.
Abraxos, uno, dos.
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