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roberto zucco

Chikilicuatre

Chikilicuatre

Mientras hago zapping me encuentro a Chikilicuatre interpretando ese bodrio de canción que este año representa a España en el Festival de Eurovisión. Ya puestos, me quedo, y veo las últimas actuaciones y la votación, que ya no es lo que era.

 

Recuerdo –todos lo recordamos-, aquellas noches en las que desde cada país de Europa, se votaba y en ello parecía irnos la vida. En un mundo precario en cuanto a tecnología y comunicaciones, este Festival nos parecía un auténtico milagro, y las votaciones, el ritual de una democracia extraña y lejana, que para los españoles era, por cierto, la única. El régimen de Franco se la jugaba cada año y aquel “La, la, la”, le vino muy bien a Massiel, pero le vino mejor a Franco porque desde España y a través de ese abrigo de chinchilla se daba una imagen falseada de normalidad, incluso de glamour, y de que en este país éramos muy marchosos y creativos.

 

Porque si entonces ir a Eurovisión era una cosa muy seria, ganar el Festival era una hazaña propia del mismísimo Viriato. En realidad hasta hace muy poco que participar y ganar todavía lo eran. Recuerdo que cuando Rosa, la cantante ganadora de la primera edición de Operación Triunfo nos representó, volvimos a sentir colectivamente otra vez una sensación de que nos estábamos jugando algo importante, como consecuencia de que ese programa significó una auténtica bomba. Por un momento pensamos que los demás conocían a nuestra querida concursante como nosotros la conocíamos y queríamos, después de haber competido durante meses con Bisbal y Bustamante, entre otros. Por eso, cuando quedó la séptima en Letonia en la edición de 2002, se produjo esa reacción tan airada y se alimentó nuevamente la teoría de la conspiración contra las esencias de la patria.

 

Para nosotros se ha mantenido inalterable una cosa y ha cambiado claramente otra.

 

Lo que se mantiene igual es José Luis Uribarri, cuya voz al menos parece que no envejece. En su retransmisión habla como si los países fueran grupos de colegiales traviesos que se votan unos a otros en función de la coincidecia en sus gustos y planes para los fines de semana. "Son como niños, los bielorusos...", parece querer decirnos cuando éstos votan a los letones. Lo curioso es que con ese paternalismo que le caracteriza hacia este festival tan querido para él, la mayor parte de las veces acierta en los pronósticos. Es decir, manejando estadísticas e intuición propia, casi es el único que ya sabe quien va a ganar, incluso antes de que los europeos voten y los participantes participen.

 

Lo que ha cambiado es la propia consideración del Festival. Mandar a Chikilicuatre es, además de una broma de dudoso gusto, un desafío a la propia ortodoxia y a las esencias que en otro tiempo se consideraban sagradas. Mandar a ese actor de La Cubana, haciendo un personaje que, según sus propias declaraciones, ya empieza a pesarle como una losa, es ir a perder directa e irremediablemente y, de paso, a reírse del propio festival.

Esto ha ocurrido en una edición en la que, a juzgar por las impresiones de algunos comentaristas, el nivel de calidad ha sido bueno, o mejor al menos que en años anteriores, lo cual subraya y cuestiona todavía más la estupidez de mandar a este señor que, por cierto, se ha quedado en el puesto 17, pero gracias a los doce votos amistosos de Andorra. ¿Son como niños los andorranos, verdad Uribarri...? Da la impresión de que la ocurrencia de Buenafuente ha derivado en bromazo que al final se han terminando tragando sus propios instigadores.

 

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4 comentarios

Lord Palumbo -

Payasos como este siempre los habrá y a mí, personalmente, Eurovisión me importa un pepino.
Yo lo que no soporto y que me pone al borde de la aniquilación total de la humanidad es estar hablando con alguien y que de repente se lleve un dedo a la cara y diga "perrea, perrea".

Fatima -

Hace años que me resisto a eso de Eurovisión... simplemente no puedo.
Lo que no voy a poder evitar es seguir leyéndote. Me alegro enormemente de volverte a encontrar.

Isabel -

Comparto tu opinión sobre el Chikilicuatre.
Una pena. Hicimos la risa...
Un abrazo.

amalia -

No tengo idea de lo que es Chiquilicuatre, pero entre el nombre y lo que comenta tampoco me siento muy tentada a averiguar!
Sí quiero adherirme a la agradable sorpresa generalizada del reencuentro con su blog, que ya daba por perdido.
Leo asiduamente el boomerang, que una vez nos recomendó,y se lo agradezco.
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