Se muestran los artículos pertenecientes al tema Como la vida misma.

Chikilicuatre

20080526040755-chi.jpg

Mientras hago zapping me encuentro a Chikilicuatre interpretando ese bodrio de canción que este año representa a España en el Festival de Eurovisión. Ya puestos, me quedo, y veo las últimas actuaciones y la votación, que ya no es lo que era.

 

Recuerdo –todos lo recordamos-, aquellas noches en las que desde cada país de Europa, se votaba y en ello parecía irnos la vida. En un mundo precario en cuanto a tecnología y comunicaciones, este Festival nos parecía un auténtico milagro, y las votaciones, el ritual de una democracia extraña y lejana, que para los españoles era, por cierto, la única. El régimen de Franco se la jugaba cada año y aquel “La, la, la”, le vino muy bien a Massiel, pero le vino mejor a Franco porque desde España y a través de ese abrigo de chinchilla se daba una imagen falseada de normalidad, incluso de glamour, y de que en este país éramos muy marchosos y creativos.

 

Porque si entonces ir a Eurovisión era una cosa muy seria, ganar el Festival era una hazaña propia del mismísimo Viriato. En realidad hasta hace muy poco que participar y ganar todavía lo eran. Recuerdo que cuando Rosa, la cantante ganadora de la primera edición de Operación Triunfo nos representó, volvimos a sentir colectivamente otra vez una sensación de que nos estábamos jugando algo importante, como consecuencia de que ese programa significó una auténtica bomba. Por un momento pensamos que los demás conocían a nuestra querida concursante como nosotros la conocíamos y queríamos, después de haber competido durante meses con Bisbal y Bustamante, entre otros. Por eso, cuando quedó la séptima en Letonia en la edición de 2002, se produjo esa reacción tan airada y se alimentó nuevamente la teoría de la conspiración contra las esencias de la patria.

 

Para nosotros se ha mantenido inalterable una cosa y ha cambiado claramente otra.

 

Lo que se mantiene igual es José Luis Uribarri, cuya voz al menos parece que no envejece. En su retransmisión habla como si los países fueran grupos de colegiales traviesos que se votan unos a otros en función de la coincidecia en sus gustos y planes para los fines de semana. "Son como niños, los bielorusos...", parece querer decirnos cuando éstos votan a los letones. Lo curioso es que con ese paternalismo que le caracteriza hacia este festival tan querido para él, la mayor parte de las veces acierta en los pronósticos. Es decir, manejando estadísticas e intuición propia, casi es el único que ya sabe quien va a ganar, incluso antes de que los europeos voten y los participantes participen.

 

Lo que ha cambiado es la propia consideración del Festival. Mandar a Chikilicuatre es, además de una broma de dudoso gusto, un desafío a la propia ortodoxia y a las esencias que en otro tiempo se consideraban sagradas. Mandar a ese actor de La Cubana, haciendo un personaje que, según sus propias declaraciones, ya empieza a pesarle como una losa, es ir a perder directa e irremediablemente y, de paso, a reírse del propio festival.

Esto ha ocurrido en una edición en la que, a juzgar por las impresiones de algunos comentaristas, el nivel de calidad ha sido bueno, o mejor al menos que en años anteriores, lo cual subraya y cuestiona todavía más la estupidez de mandar a este señor que, por cierto, se ha quedado en el puesto 17, pero gracias a los doce votos amistosos de Andorra. ¿Son como niños los andorranos, verdad Uribarri...? Da la impresión de que la ocurrencia de Buenafuente ha derivado en bromazo que al final se han terminando tragando sus propios instigadores.

 

25/05/2008 17:57 Autor: Roberto Zucco. #. Tema: Como la vida misma Hay 4 comentarios.

Zaragoza no quiere ser de segunda

20080519001114-obras-expo-basilica-5508.jpg

Yo creo que en este momento Zaragoza y los zaragozanos estamos atravesando un momento de expectación. La ciudad cambia día a día, y después de unas obras que han contribuido a ponernos de mala leche durante semanas y semanas, aparecen, como por arte de birlibirloque, una nueva pavimentación, una nueva plaza, una nueva iluminación en la calle, y, sobre todo, el río Ebro. Porque, a diferencia de lo que les ha pasado a algunas de las grandes ciudades europeas que se han sentido orgullosas de su río, para nosotros el Ebro ha sido el gran oculto, o, en el mejor de los casos, un límite sicológico y urbano del que preferíamos prescindir en nuestras vidas cotidianas.

 

El otro día paseé por el río con mi hijo y ambos disfrutamos de esas nuevas riberas que conducen a la Expo, atravesando jardines, imaginativas fuentes y espacios de ocio. Miles de personas como nosotros reían alborozados, y escuché a un joven decir, imbuido de una extraña madurez reflexiva, que las generaciones anteriores no habían tenido la suerte de disfrutar de un paisaje que estaba tan cerca y tan lejos al mismo tiempo. Una nueva pasarela peatonal une los barrios del Actur y de la Almozara, cercanos en la distancia, pero separados históricamente por el río, que ejercía de frontera. Ahora hasta parece que los edificios de un lado y de otro se han dado la vuelta para mirarse a la cara, aburridos ya de darse la espalda durante decenas de años de mutua indiferencia.

 

Pues sí, Zaragoza está cambiando para bien. Son ya, sin duda, los primeros compases del "efecto Expo", que además de lo que va a significar en sí misma durante los tres meses de celebración, nos va a dejar un nuevo urbanismo, un parque metropolitano extraordinario y una transformación de las riberas del Ebro sencillamente espectacular, salpicada por intervenciones de los mejores artistas del mundo. A algunos nos gustaría que, además de todo esto, que es mucho, nos dejara también un cambio de mentalidad que nos hiciera ser más optimistas, más confiados en nuestras propias fuerzas, más abiertos y tolerantes, y más generosos.

 

Y, en ese contexto de esperanza, el Real Zaragoza acaba de bajar hace tan apenas unas horas a la segunda división del futbol español. El que se decía que era la mejor plantilla de sus setenta y cinco años –este año se celebraban, precisamente-, ha perdido hace unas horas un partido en Mallorca que, de haberlo ganado, hubiera mantenido al equipo en primera. Supongo que alguno de los que leen estas líneas puede calibrar el perjuicio que esto representa. No solo porque el futuro económico y deportivo de la entidad está ahora mismo en la cuerda floja, sino porque, en el momento en que escribo estas líneas, hay miles de zaragocistas con el corazón partido, como yo lo tengo.

19/05/2008 00:11 Autor: Roberto Zucco. #. Tema: Como la vida misma Hay 2 comentarios.

Una nueva etapa...?

20080517225710-pict0062.jpg

Durante estos meses pasados no he escrito nada en este blog, y hoy, sábado por la tarde, solo en casa y un poco aburrido, entro en él y me pongo a escribir estas líneas que supongo que son el comienzo de una nueva etapa.

 

Como ya dije una vez, no hay nada más triste que ver un blog abandonado por su dueño, como si fuera un perrillo en mitad de la ciudad. Es un espacio desolado, y en donde se va amontonando la inmundicia, el polvo, los residuos, y, esporádicamente, algún comentario, escrito por algún lector que entró por casualidad preguntando: “Hay alguien ahí…?” Y no, dentro no hay nadie que pueda contestarle. Hace poco estuve visitando las ruinas de Belchite, ese pueblo aragonés destrozado por las bombas republicanas durante la guerra civil, y me acordé de mi propio blog con un cierto sentimiento de culpa.

 

En el mío no ha habido nada nuevo desde que reproduje estos versos de Angel González el día de su muerte.

 

Me gustaría volver a escribir cada día, o al menos eso creo ahora. Como ya he dico en alguna ocasión, empecé en esto por pura casualidad: una tarde de domingo leí en El País que “el fenómeno de los blogs era uno de los más relevantes en el mundo de internet en Estados Unidos”, y, llevado sobre todo por la curiosidad, me encontré metido en ese mundo casi sin pretenderlo. Hasta ahora he tenido tres blogs, y en todos he utilizado como seudónimo el nombre de Roberto Zucco, ese personaje de asesino misterioso ideado por el autor teatral francés Bernard Marie Koltés y que da nombre a una de sus escasas piezas.

 

El primero (www.roberto_zucco.blogs.com) se mantuvo durante los dos primeros meses de 2005, y me sirvió sobre todo para diseñar los temas sobre los que iba a escribir en el segundo (www.robertozucco.bitacoras.com). Este llegó a tener una cierta repercusión en esta indefinible audiencia de la blogosfera. Gracias a él conocí a algunos amigos y amigas. Y cuando digo conocí, digo conocí. Fue un periodo de dos años extraordinario, acumulé casi trescientos artículos, y esa pequeña obligación de escribir no solo no fue para mí una carga, sino, por el contrario, fue algo que sirvió para disciplinarme, para enseñarme a mí mismo a hacerlo cada día un poco mejor. En algunos momentos el blog de Roberto Zucco fue una plataforma de opinión sobre temas variados relacionados con la cultura, la política, la literatura, el teatro, etc. Recibía muchos comentarios al día, desde España y Latinoamérica, y eso me obligaba a su vez a ponerme las pilas y seguir escribiendo. Fue estimulante para mí y creo que para algunos fieles que esperaban con cariño mi siguiente entrega para sumergirse conmigo en el debate o simplemente para leerme en la oscuridad discreta del anonimato.

 

Pero estas cosas van unidas a las experiencias personales que uno va teniendo en la esfera de la vida real, valga la expresión. Mi vida se agitó en lo personal y en lo laboral y ambos aspectos fueron acaparando demasiado mi paleta de pinturas y de temas. En cuanto a lo primero, comencé a vivir una experiencia sentimental que eclipsó otros aspectos de mi vida, y ahora me doy cuenta que mi blog se convirtió en exceso en una crónica sentimental de mí mismo. Abandoné los temas que más interesaban a mis lectores habituales y conté en exceso los pormenores de una relación que atravesó momentos de zozobra motivados por el origen de mi pareja y su situación de ilegalidad en España.

 

Coincidió ese periodo con un cierto hartazgo de bitácoras, la empresa que alojaba mi blog, que se estropeaba un día sí y otro también, y en donde colgar un post nuevo se fue convirtiendo en una especie de odisea. Y me pasé aquí, a blogia (www.robertozucco.blogia.com), en donde seguí escribiendo en la dirección apuntada manteniendo la mayor parte de las secciones que había creado en mi anterior morada. Pero fue el declive porque en esa ocasión mi trabajo, muy absorvente e intenso, me obligó a viajar, a reunirme, a pelearme con mi jefe, y toda esa actividad me fue robando el tiempo y restando paulatinamente la motivación.

 

Primero fue la frecuencia en escribir que se fue espaciando lentamente: de hacerlo todos los días sin dificultad alguna, pasé a hacerlo cada dos días, cada tres, cada semana… Paralelamente los temas, que se iban acabando poco a poco. Consecuencia de ambas circunstancias, escribir se fue convirtiendo en una progresiva pesada obligación que ya no me reportaba el placer del principio y que se fue transformando sencillamente en una carga insoportable.

 

Hasta que hoy, sábado por la tarde, mientras que en la televisión un locutor vocifera los goles del Barcelona ante el Murcia, ya descendido a la segunda división, y un día antes de que el Real Zaragoza juegue contra el Mallorca el partido de su salvación o de su condena, he entrado en mi último blog, y obedeciendo no sé que extraña voz interior me he puesto a escribir estas líneas que van a ser las primeras de una nueva etapa.

 

No me comprometo a nada porque no quiero decepcionar a nadie, pero asumo esperanzado la obligación -tierna y dura obligación-, de escribir para cuantos queráis leerme de vez en cuando.

17/05/2008 22:57 Autor: Roberto Zucco. #. Tema: Como la vida misma Hay 8 comentarios.

El aborto, otra vez

20071202201851-aborto.jpg

La policía detiene en Barcelona a Carlos Morín, médico en cuyas clínicas se hacían abortos a fetos de ocho meses y cosas así. Y el asunto saca a colación diversos temas colaterales que son los que verdaderamente me molestan. Que metan en la cárcel a este carnicero me parece un síntoma de que el sistema funciona, como suele decirse. Que vuelva a plantearse nuevamente el debate sobre aborto sí, aborto no, me parece, por el contrario, un síntoma de que el sistema no funciona del todo bien.

  

A raíz de este tema veo un debate en Antena 3. Supongo que esta cadena está en el ojo del huracán después del lamentable suceso acaecido como consecuencia de que una muchacha rusa muriera asesinada por su pareja después de asistir ambos a uno de esos programas basura que tanto gustan a la parroquia. Para cambiar esa imagen montan un debate que pretende ser muy serio y riguroso sobre el aborto con pausas publicitarias de casi veinte minutos, lo cual hace imposible seguir el hilo argumental de los debatientes. Pero bueno, en realidad para qué, si cada uno de ellos viene con su idea propia y lo que diga el de enfrente es considerado como una estupidez.

  

Y a veces con razón. Los de las asociaciones “provida” y similares atacan el aborto, faltaría más. Los progresistas lo defienden, o, mejor dicho, defienden que exista la posibilidad legal de abortar para quien desee hacerlo. Un médico dice que el debate social ya se hizo hace unos años y salió que sí. Es decir que se autorizaba el aborto en ciertos supuestos. Y Lidia Falcón denuncia que a día de hoy en Navarra, por ejemplo, ni supuestos ni hostias: allí no se aborta y punto. Faltaría más. Las navarras, como antes les pasaba a las españolas en general, se van a abortar a otro sitio y, en consecuencia, el aborto no existe.

  

Ahora yo me acuerdo de la polvareda que montaron los “providas” estos y la derecha de siempre. La derecha se opuso también al divorcio y luego han utilizado la ley a troche y moche. Me gustaría saber cuántas señoras que se oponían al aborto al final han terminado abortando. Porque al final la mayoría conseguimos una regulación bastante razonable, aunque en la práctica ha seguido habiendo problemas y resistencias. Pero la regulación, repito, era y es razonable. Y ahora viene este mamón de médico y se pasa siete pueblos. Resultado: no solo se habla de que este señor es un caradura sino que vuelve a salir a la palestra un asunto que ya estaba hablado. Este tipo ha tenido la dudosa virtud de aprovecharse de nuestras conquistas, ensuciarlas, y, de paso, beneficiarse económicamente de las mismas.

Porque comparativamente se habla poco de él y mucho de un tema del que, repito, ya hablamos en su momento y quedó claro lo que pensábamos la mayoría.

02/12/2007 20:18 Autor: Roberto Zucco. #. Tema: Como la vida misma Hay 32 comentarios.

Cercanías

20071112011727-lineas-ave-recuperan-normalidad-retrasos.jpg

Cercanía 1.

 

Paso parte del fin de semana en Barcelona y compruebo el asunto de los trenes de cercanías. Es un auténtico desastre. El tren llega a la estación de Tarragona y allí nos esperan unos autobuses. Todo son atenciones, que de alguna manera intentan paliar las deficiencias y las molestias: descargar las maletas, introducirlas en la bodega del autobús, etc. Toda esta maniobra genera un retraso importante. Si esto me molesta a mí, que no he tenido que madrugar y que en el fondo no tengo prisa alguna en llegar, me imagino lo que debe ser padecerlo todos los días dos veces para ir y volver del trabajo.

 

Intento fijarme en lo que en Barcelona y Cataluña todo el mundo sabe: las infraestructuras son aquí un desastre, desde luego mucho peores que las de Madrid y sus inmediaciones. Se nota que después del esfuerzo inversor que el estado hizo en el 92 con motivo de las Olimpiadas, se ha dejado un poco de la mano de dios a esta parte de España. Lo peculiar del caso es que Cataluña parece la comunidad favorecida por excelencia. Creo sinceramente que no es verdad, que ya no lo es.

 

Cercanía 2.

 

Ya en Barcelona. Me hospedo en un hotel que está en Vía Meridiana. No me gusta nada. No se corresponde para nada con la catalogación de calidad que se le supone. Es viejo, destartalado y feo y los recepcionistas no son nada simpáticos ni atentos con los clientes. Por si fuera poco, la habitación es claustrofóbica y me largo rápidamente de allí para irme a cenar con una persona que me apetece mucho ver desde hace tiempo. Cenamos en un japonés. La conversación es agradable y la copa posterior también. Amigos/as lectores: esta vez no diré de qué va el asunto. Lo que sí puedo informaros es de que la habitación está exactamente igual de desastrosa cuando llego a ella unas horas más tarde. Me duermo con la televisión encendida.

 

Cercanía 3.

 

Tren de vuelta. Misteriosamente no tuvimos que hacer ningún trayecto en autobús. Por lo visto hoy RENFE aplica otras soluciones. Nos evitamos los trasbordos pero no el retraso. Creo que me duermo un rato. Cuando me despierto, leo por encima el suplemento cultural de La Vanguardia. Aparece un artículo sobre el coeficiente intelectual de los presidentes de los Estados Unidos. Me hago una apuesta a mí mismo: deducir la inteligencia por la cara. Es curioso: los acierto todos, del más tonto al más listo, y perdón por la expresión. El más tonto no haría falta decirlo: Busch hijo, aunque el padre tampoco tiene mucho más cerebro.

 

Cercanía 4.

 

El domingo en Zaragoza es rutinario. Pierde el Zaragoza, no salgo de casa y me entero de la monumental bronca que se monta en la cumbre iberoamericana de Chile. Chaves es un tocapelotas, tiene todos los tics del dictador latinoamericano de toda la vida, con ese discurso arrogante y demagógico que unas veces se apoya en el agravio histórico y otras en un populismo infumable. Pero claro, tiene razón: Aznar es un fascista. El Rey de España le corta de malos modos, y luego se va. Tampoco me parece bien. El no es el moderador, y creo que mete la pata en las formas y el fondo. Estoy de acuerdo con Llamazares.

 

Me entero también de la monumental batalla en la estación de metro de Legazpi. Muere un chico de dieciséis años que acudía a una concentración antifascista. Después sus compañeros antifascistas queman unos cuantos contenedores en protesta por casi todo. Pobre chaval.

 

Por la tarde mi tía M. me llama desde la residencia para hacerme un diagnóstico sobre lo mal que está el mundo. Si ella supiera.

12/11/2007 01:17 Autor: Roberto Zucco. #. Tema: Como la vida misma Hay 4 comentarios.

Televisión

20071030183101-gran-hermano-logo-tour-2007-9.jpg1.

Veo “Gran Hermano”. Lo empecé a ver por casualidad, y, desde ese día, no dejo de verlo ni un día a través del canal que retransmite hasta cuando roncan en la iluminada oscuridad de la habitación en la que duermen. Ni yo sé porqué lo hago, pero lo cierto es que lo hago. Los concursantes no me merecen especial interés, ni los conflictos que entre ellos se van creando. Tampoco me parece especialmente brillante el planteamiento de esta edición, en donde se incluyen trampas para los concursantes, nuevas entradas, viajes a otros países, etc. Mercedes Milá cada día está más enloquecida y autoritaria. Es decir: nada de lo que veo me gusta y, a pesar de eso, sigo viendo el programa. Supongo que un gabinete de sicólogos, comunicadores, guionistas, etc, han diseñado todo esto para que a la mayoría le pase como a mí. Es decir, que veamos algo por pura inercia, distraídamente, pero que no podamos dejar de verlo.

2.

Ayer por la mañana, tal y como estaba previsto, se perpetuó el escarnio en la plaza de San Pedro. Los “martires de la guerra civil” fueron beatificados solemnemente por el Papa Benedicto XVI. Moratinos creo que presidía la delegación española y en el informativo de CNN+ escucho y veo a un diputado socialista, nieto de uno de los susodichos, defendiendo la actuación de la Iglesia en este terreno. Después leo en Heraldo de Aragón que a lo largo de los próximos años vamos a asistir a bastantes actos similares, pues hay unos diez mil “beatificables” más...

  

Me parece lamentable. Repito: no debieron quemarse los conventos. Repito: la quema de conventos hay que entenderla como la respuesta airada de las masas encolerizadas contra una institución que consideraban aliada del poder histórico que los tenía sojuzgados. Repito: a estas alturas tan víctimas son los de un bando como los del otro, pero los que desencadenaron la guerra estaban solo en uno y éste es el lado rebelde, mal llamado “nacional”. Repito: la Iglesia se descalifica a sí misma distinguiendo a unos, los de ese bando rebelde, y ninguneando a los otros, el bando republicano, el de los perdedores que, estos sí, sufrieron un exterminio sistemático, tortura, persecución y cárcel hasta bien entrada la postguerra. La Iglesia entonces miraba para otro lado.

3.

Faltan unas horas para que se haga público el veredicto final sobre el juicio del 11-M. Veo a Acebes diciendo imperturbable que el PP nunca estuvo detrás de la teoría de la conspiración. Tiene razón: no estuvo nunca detrás sino delante, inventándosela, alimentándola un día sí y otro también, desde que perdieron las elecciones. Sabido es que hay una cierta tendencia de la gente a olvidar, y en los políticos a falsear la realidad para favorecer ese olvido cuando tal cosa les conviene. Pero con esas palabras Acebes se adelanta a la media normal: le falta poco para asegurar que Aznar no quiso nunca la guerra de Irak y que jamás supuso que allí hubiera armas de destrucción masiva.

4.

Me interesa “59 segundos” en la 1 de Televisión Española. Al principio me parecía la fórmula excesivamente rígida, pero ahora pienso que los periodistas que intervienen se han acostumbrado a restringir sus intervenciones, a sintetizar sus ideas, y que esa metodología sirve para evitar la verborrea innecesaria en aras de la claridad expositiva. Por lo demás, lamento extraordinariamente que a este programa ya no acuda el tipo ese de la COPE que tanto me gustaba escuchar. La caverna ahora está representada, y muy bien, por Isabel Sansebastián. No hay cosa que diga esta señora que no contenga una velada o explícita acusación al gobierno y a Rodríguez Zapatero, se esté hablando de lo que se esté hablando.

  

Recuerdo y echo en falta, sin embargo, aquellos programas en los que se podía hablar sin restricciones, como “La clave”, que dirigía José Luis Balbín. Un día me lo encontré en una cafetería de la calle Abascal en Madrid y se lo dije.

5.

Mi amigo Luis Alegre tiene un programa de entrevistas en la televisión aragonesa. Esta semana su invitado era Gonzalo Miró, el hijo de Pilar Miró. Luis le pregunta por su madre, y el chico, que me parece sensato y bastante normal, reflexiona sobre el linchamiento que sufrió y que finalmente le costó el puesto. Gonzalo decía que el linchamiento empleó páginas y páginas, y que todo, al final, terminó en una columna mínima en la que se intentaba restablecer el honor mancillado.

Esa es la desproporción habitual en la mayoría de los medios: 10 para insultar, vilipendiar, mentir, manipular, tergiversar, etc, y 1 para desdecirse y corregir, si llega el caso. A buenas horas.

30/10/2007 01:40 Autor: Roberto Zucco. #. Tema: Como la vida misma Hay 2 comentarios.

Desamparadas

20071019041533-atardecer.jpg

Esta noche duermo con dos mujeres. Las pongo a uno y otro lado de mi pecho. Las dos se quedaron huérfanas en las últimas horas. Las dos son de la misma edad –la mía-, y las dos lucen un flequillo revelador y maravilloso. A las dos intento consolarles la pena, la misma pena que yo siento, por ellas y por mí mismo, que las adelanté en la tristeza y ahora la comparto con ellas. Pobrecitas. Iris y Matty, descansad esta noche a mi lado, acurrucadas y pequeñas.

  

Se quedaron huérfanas. Estrenan condición en la vida. Ay, la vida, qué rara es la vida que nos hace, en la mitad, aproximadamente, cambiar los papeles, como en las malas compañías de teatro. Porque ambas fueron hijas, y, al final, las dos, sin hijos, fueron madres de sus propios padres y madres. Qué cosas tiene la vida. Esta puta vida que nos desampara a la mitad y nos demuestra que frente a ese desamparo no hay posible preparación anterior, posible vacuna afectiva que palie en modo alguno la sensación de inmensa tristeza. Estos cambios de planes no hay dios que los entienda.

  

Una, Matty, nació en México y es mi primita gemela. Su papá se murió hace unos días y tal vez mi voz, relatándole las excelencias de su Real Zaragoza, le condujo con más serenidad hacia ese final que algunos dicen que es el solemne principio de algo. Yo, que no lo creo y que me apunto siempre en este asunto a la prosa y no al verso de la esperanza, estoy dispuesto a darles el beneficio de la duda por un rato, hasta que se queden dormidas.  Sé que contarles cuentos de estrellas a lo lejos consolará un poco sus almas, aunque sea un poquito, aunque sea para hacerles dormir en noches como ésta, que las tuve entre mis brazos, bajo el cielo infinito, qué narices, bajo el cielo infinito.

  

La otra, Iris, es galleguita, y su mami se le fue de los brazos como una paloma exhausta, casi sonriendo, joven por unos instantes, recompuesta finalmente de sus pesares. Déjame caer en el topicazo: ¿tu madre se iba o volvía?, después de tantos domingos de comprobar tu generosidad solitaria, recompensada con tan poquitas sonrisas, y, tal vez, eso quisiera, con estas líneas que significan para mí toda una declaración de amor: lo que Internet unió aquel día, que no lo separe nadie, que diría Bill Gates, digo yo que diría.

  

Mi primita está como una moto. No para de vivir, ni de escribir, ni de pensar allá al otro lado de todos los mares de la vida. Mi amiguita, por su parte, no para de explicar que dos y dos son cuatro, aunque ella misma mantenga inconfesadas dudas al respecto. Y ambas coinciden en haberse quedado un poquito solas y en mirar hacia el cielo por las ventanas de sus hermosos ojos. Y en el flequillo, que es todo un síntoma de que las dos se sienten perseverantemente niñas.

  

Por eso, porque se sienten niñas huérfanas, las he colocado esta noche en mi regazo. Para que se duerman y sueñen que corren de la mano de su padre y de su madre, como cuando realmente lo eran.

Si leen ustedes estas líneas, no hagan mucho ruido al enlazar las sílabas: hace un rato que las dos respiran al mismo compás de la noche.
19/10/2007 04:15 Autor: Roberto Zucco. #. Tema: Como la vida misma Hay 6 comentarios.

Otoño, una vez más

20070920130503-20060930221605-otono2.jpg1.

El país se repone de la decepción. Finalmente la selección española de baloncesto no conquistó la medalla de oro en los pasados campeonatos de Europa. Estas cosas, estas frustraciones hubieran sido impensables hace unos años, en los que quedar octavos o novenos producía la frustración. Algo así les debe ocurrir ahora a los pocos aficionados a la selección de EEUU, que a pesar de estar integrada pos jugadores de la NBA, o tal vez por eso mismo, se están acostumbrando a perder. En la vida todo es relativo con respecto a valores cambiantes y a perspectivas diversas. Aquella medalla de plata en los Juegos Olímpicos de los Angeles supo a gloria y esta medalla de plata suena a fracaso.

  2

Leo “Memorias de ultratumba”, de Chateaubriand. A esta estación llegué de la mano de Paul Auster. Releí recientemente en República Dominicana su novela “El libro de las ilusiones” y en ella su protagonista, un profesor universitario en una situación personal desesperada, le encargan la traducción de este hermoso libro. Esta circunstancia coincide con otras peripecias internas de la novela y a mí me despertó el apetito de enfrentarme a las seiscientas páginas con espíritu de lector de fondo, sabiendo que será mi compañía a lo largo de los próximos días, que me acompañará en mis viajes y que será lo último que verán mis ojos por las noches.

  

Me maravilla. Está extraordinariamente escrito. La mirada de Chataubriand es distante e intelectualizada. Por sus páginas flota una visión romántica, reaccionaria y profundamente religiosa. La revolución francesa fue para este hombre cultivado y cosmopolita una sucesión de despropósitos y de actos de crueldad que él sin embargo describe con gran amargura pero con cierta contención y sutileza. Me siento cerca de ese buen gusto del autor y lejos de sus opiniones políticas, de esa adhesión monárquica incondicional, de esa adoración por el mundo que representaba el "ancien régime" y que ante sus ojos atónitos empezó a dejar de existir.

  3

Hablando del antiguo régimen: en alguna ocasión he escrito sobre mi tía M. Es una mujer extremadamente conservadora, permanentemente atemorizada por la vida y sus circunstancias. Vive pensando que se va a derrumbar el techo de la habitación, que va a desbordarse el río más cercano, y que va a declarse el próximo fin de semana la tercera guerra mundial. Siempre fue así, pero con los años sus tendencias naturales se han afianzado todavía más. A raiz de la muerte de mis padres, decidió irse a vivir a una residencia y su nuevo temor consiste en creer ahora que llegará un día en que no podrá pagarla. Yo sé que eso no es verdad porque tiene bien guardados los ahorros de toda una vida y la cuantía de los mismos le van a permitir vivir confortablemente y sin ningún tipo de agobio.

  

Hace un rato le contaba a mi amiga Eva que ayer fui a verla y entre nosotros se produjo una extraña conexión. No recuerdo el momento en que empezó a hablar del pasado, y en concreto del momento en que mi familia materna, mis abuelos, mi tío, mi madre y ella se establecieron en Zaragoza en 1952 llegados desde Andalucía. Parecía ensimismada, muy concentrada en los recuerdos y en los detalles y sus ojos se llenaban con frecuencia de lágrimas. Yo la dejaba hablar y llorar mientras atardecía con parecida suavidad a la cadencia de su voz. Vive atemorizada, sí, absurda e inutilmente atemorizada, pero ayer por la tarde pude conocer algunas razones que dieron origen a ese carácter temeroso y desconfiado. Me habló de algunos comportamientos de personas ya desaparecidas y situaciones familiares que a ella y a sus hermanos les afectaron profundamente y que yo desconocía por completo. Pertenecen a ese tipo de realidades que siempre se intenta ocultar por vergüenza o por miedo. Salí de la residencia sabiendo más de mi propia familia y de mí.

  4.

Mañana llega el Otoño  y mi hijo cumple once años. Está en ese momento en el que ya empieza a aburrirle el Pato Donald y está obsesionado con unos juegos de internet que, tanto por sus temas argumentales, como por la complejidad de sus técnicas, me hacen comprender que estamos ya a las puertas de la adolescencia.

Concurso de ideas, por favor. ¿Qué le regalo?
20/09/2007 13:05 Autor: Roberto Zucco. #. Tema: Como la vida misma Hay 9 comentarios.

Mitomanías (y 5)

20070903121521-13.jpg

Me parece una buena manera de acabar este recorrido por mis propias mitomanías refiriéndome a las personas que no he conocido y me hubiera gustado conocer.  

Es el caso, por ejemplo, de Manuel Azaña, el Presidente de la II República. He leído ávidamente sus escritos, sus biografías. Le considero un hombre doliente, tal vez demasiado humanista y con un poso intelectual demasiado profundo como para ser un político pragmático. De su generación, en ese Madrid prebélico de los señoritos fascistas, de Chicote y de las tertulias literarias, me hubiera hecho gracia conocer a Ramón Gómez de la Serna y disfrutar de su talento en el Café del Pombo, e incluso me hubiese animado a subir con él a ese elefante, aunque solo fuera para sostenerle las cuartillas durante la mítica conferencia que impartió en las alturas del gigantesco cuadrúpedo. No hubiera aguantado más que un par de horas con Unamuno, una con Pio Baroja y media con Ortega y Gasset, pero las hubiera aguantado. Creo que con Valle Inclán podría haber estado una tarde entera y creo que hubiera sido capaz de preguntarle si la barba al dormir se la dejaba por fuera o por dentro de las sábanas.  

También me gustaría decirle cuatro cosas a Al Pacino, pero sobre todo me gustaría verle ensayar algún monólogo de Brecht. A Marlon Brando me hubiera gustado llevarle un café durante el rodaje de “El último tango en París”, para que me contara entre sorbo y sorbo los pormenores de otro: el de “Un tranvía llamado deseo”, a las órdenes de Elia Kazan dos años antes de yo nacer. Ya puestos, hubiera dado un ojo de la cara por asistir a alguna clase de Lee Strasberg, un día que hubiera sacado a hacer una improvisación a Marilyn Monroe, en el Actor´s Studio de Nueva York. Y no sé qué hubiera hecho si Woody Allen me hubiera invitado a ser su ayudante en el rodaje de Manhattan por las calles de la ciudad, o en el interior del “Planetarium” al lado del Museo de Historia Natural. Con Buñuel me hubiera ido al fin del mundo, y especialmente al restaurante “Le Train Blue” en París, a compartir unos profiteroles, y echar de menos con él los atardeceres de Zaragoza. Seguro que también hubiésemos hablado mucho sobre los jesuitas, nuestros comunes educadores. Me imagino con mi paisano llevando por Madrid esa cabeza de burro muerto que sabe dios dónde encontramos…

Unos jueves lluviosos en París con Cesar Vallejo y Pablo Neruda no hubieran tampoco estado nada mal, aunque se hubiera enfadado Georgette Vallejo, y ejercer de carabina una tarde con Albert Camus y María Casares por las callejuelas del boulevar Saint Germain me hubiera colmado de gozo a mí y de desesperación a ellos. Tampoco me hubiera importado moderar en la Brasserie Lipp una comida silenciosa con Samuel Beckett y Emile  Ciorán, mientras nos acomodábamos en el estómago una buena porción de codillo con choucrout. A los postres podría haberse presentado Giuliette Grecó para animar la velada. 

No me hubiera importado compartir una concentración antes de algún partido importante con Johan Cruijff, por ejemplo antes de aquel 0-5 en el Bernabeu, con Pelé en Sao Paulo, o haberme ido de copas alguna noche por la parte alta de Barcelona con Diego Armando Maradona. Un paseo por el Retiro de Madrid con Raúl tampoco me hubiera importado, qué duda cabe. Y mis ambiciones deportivas se hubieran colmado plenamente jugando unos minutos con Marcelino, Villa y Lapetra ante los ojos de mi padre, o dándole el pase a Nayim el día que el Real Zaragoza ganó la Recopa de Europa frente al Arsenal en el Campo de los Príncipes de París. 

En su casa de Brooklin me encantaría que Paul Auster me adelantara algún capítulo de su nueva novela, y ya puestos a imaginar, estaría dispuesto a pertenecer a la compañía de Molière durante un par de meses, justo antes de que sus miembros se establecieran en el Palacio del Rey Sol. Si hubiera podido elegir oficio dentro del “Ilustre Teatro” me hubiera gustado ayudar a vestir a Theresa Duparc antes de salir a escena con un traje morado y con un gran escote diseñado por la mismísima Madeleine Bejart. Al maestro Jean Babtiste Poquelin, burlando todas las lógicas temporales, me hubiera gustado leerle un fragmento de “Seis personajes en busca de autor”, de Luigi Pirandello, texto que sin duda le hubiera ayudado a escribir su “Impromptus de Versalles”. También le hubiese preguntado muchas cosas a Shakespeare, en una de esas noches tabernarias que tanto le gustaban, y también a Cervantes, a Quevedo, a Montaigne, a Kafka, a Borges, etc. A Bernard Marie Koltés no habría sabido exactamente qué decirle, pero algo se me habría ocurrido tarde o temprano de camino a los urinarios de la estación de Austerlitz en donde le hubiera dejado solo. 

Si alguna vez hubiera sabido tocar bien la batería hubiese acudido a las audiciones de Supertramp, Led Zeppelin, Pink Floyd, King Krimson, Rolling Stones, y actualmente a las de Travis y Keane. Creo que mi estilo personal de tocar este instrumento, más rockero y contundente, no le vendría demasiado bien al de Jacques Dutronc ni al de su esposa Françoise Hardy, pero al menos lo intentaría también, como con Jane Birkin, Lucio Dalla, Paolo Comte y Giani Morandi. Me hubiera gustado ser de alguna utilidad para Beethoven, cediéndole uno de mis oídos y para Mozart prestándole cincuenta euros para paliar sus apuros. 

Neil Armstrong y yo pisamos la luna juntos después de unos instantes de vacilación: “¿quién va primero, tú o yo?”, le dije a las 22 horas y 56 minutos, hora estadounidense, de aquel 20 de Julio de 1969. Antes me había preparado físicamente a conciencia en las calles del barrio latino corriendo delante de los guardias y haciendo el amor con una joven morena, alta y con flequillo, en una boardilla cercana al Polly Magoo. Me hubiera gustado también llevar flores alguna vez a los camerinos de Brigitte Bardot, Marie Laforet, Sophia Loren y ahora mismo a Sandra Bullock, Angelina Jolie, Lena Headey, Halle Berry, Charlize Theron, Carmen Electra, Carla Bruni, Carmen Kass, iconos de eterna belleza,  y otras muchas señoras y señoritas a las que admiro y he admirado en diferentes momentos de mi vida.

Pero al que verdaderamente me hubiera gustado conocer es a George Harrison. Aunque hubiera sido diez minutos. Una vez tuve un extraño sueño: coincidimos en la sala de espera de un hospital. Estábamos él y yo solos, y la conversación en español sin subtítulos fue tranquila y suave. Me dijo, creo recordar, que a lo largo de la vida era imprescindible aprender a saber morir. Algo así les dijo a Ringo y a Paul en un hospital de Nueva York poco antes de que su mujer Olivia, su hijo Dhani y yo arrojásemos sus propias cenizas en el río Ganges. 

Sí, yo también estaba allí aquel día, silencioso y triste, despidiendo para siempre a un hombre que ejerció sobre mí una atracción extraordinaria. Ese día comprendí que era imposible que los Beatles se juntaran de nuevo y decidí hacerme mayor.

03/09/2007 12:15 Autor: Roberto Zucco. #. Tema: Como la vida misma Hay 12 comentarios.

Mitomanías (4)

20070831083826-fg.jpg

En el campo de la política me dejó una imagen muy cálida José Luis Rodríguez Zapatero, a quien conocí unos días antes de ganar las elecciones y pasar a ser presidente del Gobierno de España. La casualidad hizo que este hombre, inteligente, cabal y simpático, y yo coincidiéramos en un meeting de su partido al que me invitaron. No nos conocíamos de nada, pero creo que simpatizamos pronto y me contó algunas intimidades personales e intuiciones políticas, por ejemplo alguna con respecto a José María Aznar, que después la realidad y las circunstancias confirmaron con creces.  

En este capítulo debo incluir el encuentro fugaz pero divertido con Enrique Tierno Galván, en aquel momento alcalde de Madrid. Coincidí con él en un despacho del Centro de la Villa de Madrid, y nos presentó Eduardo Huertas, el entonces director de programación. Ambos estábamos invitados al estreno del espectáculo de una compañía brasileña. En un momento en que el alcalde y yo nos quedamos solos, me dijo: “me temo, señor Zucco, que la representación de hoy va a ser un coñazo…” ¡Qué razón tenía Don Enrique! El no lo sé, pero yo desaparecí en el primer entreacto.  Por último, recuerdo que en Jerusalem, la primera noche de una estancia salpicada de anécdotas y curiosas peripecias, me presentaron a Simón Peres, que me causó también una magnífica impresión. En ese momento Peres era Ministro de Exteriores y entró casualmente en el restaurante en donde estábamos cenando el director Robert Bedós, una periodista francesa de cuyo nombre no me acuerdo, un funcionario del Ministerio de Cultura israelí que oficiaba de anfitrión, y yo. Hablé con él durante unos minutos en un perfecto español, y me dijo cosas sobre España que me rebelaron no solo un conocimiento exhaustivo de nuestro país, sino una gran capacidad para analizar la realidad política internacional. En su rostro se reflejaba un deseo y una esperanza para la paz en oriente medio, algo que no encontré en casi ninguno de los políticos y personas de la cultura en Palestina que había conocido días antes. 

Me dejaron, sin embargo y por razones diferentes, una imagen borrosa algunas personas que no por eso he dejado de admirar y valorar en sus respectivos oficios. Ser simpático no es un requisito ineludible para ser brillante. Por ejemplo, el cantante Hilario Camacho, perdido en sus reflexiones y amarguras, Amancio Prada, los críticos Joan de Sagarra y Eduardo Haro Tecglen, el filósofo Fernando Savater, los directores teatrales Salvador Távora y Lluis Pasqual, y bastantes más, tal vez porque el talento innegable de todos ellos se escondía detrás de un muro que para mí resultó en ese momento infranqueable.  

Por el contrario me ha gustado tener relación profesional y personal con Maribel Verdú (fui su primer director en teatro siendo ya una actriz muy conocida en el cine, y siempre me lo  recuerda con gran cariño), Antonio Valero, Gerardo Malla, un maestro cercano y amable, Tony y María Isbert, una mujer increíble donde las haya, Joaquín Hinojosa, ahora uno de mis mejores amigos, Ramón Barea, Paco Casares, José Luis Pellicena, con quien la amistad, sin embargo, se fue enfriando, el autor José Sanchis Sinisterra, el director argentino David Amitín, el escritor oscense Javier Tomeo, a quien me presentó mi querido Joan Ollé en Barcelona en el restaurante Flor justo cuando llevaba leídas al menos cinco novelas suyas seguidas, en una comida en la que también asistieron el crítico Marcos Ordóñez y el periodista y escritor Joan Barrill.

En el mundo de los medios de comunicación tengo tres magníficas amigas. Mercedes Odina es la repera. El azar del destino nos situó hace poco compartiendo el mismo trabajo. Pero desde que ella dirigió "Los años vividos" en TVE, yo la admiraba en secreto. Ahora es una referencia sentimental en la distancia: se ha ido a vivir a Nueva York (desde donde fue corresponsal precisamente de esa misma cadena), y se acaba de casar. Se merece la felicidad. La segunda es Pepa Bueno, inteligente y magnífica, conductora de “Los desayunos de la 1”, de TVE, y la tercera, Silvia Tarragona, mordaz, culta y graciosísima, que en las madrugadas conduce con gran acierto en Radio Nacional de España el programa “Imaginario”.

Por supuesto, no puedo olvidarme de José Antonio Labordeta, admirable por tantas cosas, que me animó y ayudó siempre en todo lo que le pedí. 

Pero hubo dos personas que su “directo” literalmente me arrolló: me refiero a Joan Manuel Serrat y a Fernando Fernán Gómez. 

Serrat (Tarres) es un hombre increíblemente interesante, cálido, inteligente. Transmite dos cosas a la vez: serenidad y talento, siempre a través de un lenguaje cordial, modesto y cercano, nunca exento de un fino sentido del humor, de una suerte de permanente y profundo rigor intelectual y personal. Comí con él poco después de su reaparición pública tras su operación quirúrgica y poco más tarde, en un recital al que asistí con Isabel, nos dedicó “Mediterráneo” a ella y “No hago otra cosa que pensar en ti” a mí. Hace poco compartí sus nervios en Zaragoza al comienzo de su gira con Joaquín Sabina en la que ambos están sencillamente soberbios. 

Fernando, por último, es un compendio de sabiduría, experiencia y libertad de espíritu. Fernando es un amigo y me honro de poder decirlo. Fernando creo que me quiere bastante, y yo, desde luego, le quiero, y ambos, cada uno a su manera, queremos a Emma Cohen, la joya de la corona de una casa a las afueras de Madrid en donde el cielo y las estrellas están debajo del techo, y no por encima.

31/08/2007 08:38 Autor: Roberto Zucco. #. Tema: Como la vida misma Hay 6 comentarios.

Mitomanías (2)

20070826114835-en-la-tumba-de-brecht.jpg

El día 8 de Diciembre de 1980, el sicópata Mark David Chapman, después de pedirle un autógrafo, le asestó seis balazos a John Lennon en la puerta del Dakota Building, situado en el número 1 de la calle 72 Oeste de Nueva York. Un edificio construido en 1881 que siempre ha estado rodeado de un halo de mal fario. Recuérdese al respecto la película de Román Polanski “La semilla del diablo”, filmada en 1961. Se terminó así de un plumazo la posibilidad de los cuatro músicos de Liverpool volvieran a reunirse en un estudio de grabación, algo que desde siempre sus seguidores habíamos mantenido en la recámara de nuestras mejores esperanzas, aunque fueran remotas.

  

Enfrente del Dakota se encuentra ahora “Strawery Field”, una zona de Central Park que fue bautizada utilizando el título de la canción que acompañaba a "Peny Lane" y que luego fue incluída en “Magical Mistery Tour”, compuesta por Lennon para los Beatles en 1967, y que fue diseñada por el arquitecto y paisajista Bruce Kelly. Debo confesar que no ha habido viaje a esta ciudad en donde no me haya acercado a ese lugar para rendir un silencioso homenaje al músico asesinado, que representa, junto con George Harrison, una página abierta de manera permanente de mi vida personal. Allí, en una zona acotada, llena de referencias a la cosmovisión del músico inglés, suelen concentrarse (solemos concentrarnos) sus admiradores de un modo respetuoso y correcto.

  

De Manhattan recuerdo también con gran cariño la tarde en que escuché junto a Nieves, mi compañera entonces y madre de mi hijo, a Woody Allen tocar el clarinete en el Michael’s Pub. Previamente habíamos disfrutado viendo cómo se bebía tranquilamente una coca cola en la mesa contigua a la nuestra en compañía de su reciente compañera coreana.

  

Berlín fue para mí hace unos años, el lugar donde el tiempo se detuvo media hora y, junto con mis amigos Felix y Sara, tuve la suerte de pasear por la casa de Bertold Brecht y su esposa, la actriz Helen Weigel. Hicimos fotos, tocamos los muebles y los enseres domésticos de la pareja, acariciamos algún ejemplar de la librería –en concreto, el Fausto, de Goethe-, y miramos por el ventanal desde el que ellos descubrían cada mañana un pequeño jardín en donde ahora reposan precisamente sus propios restos (ver foto). Parecida sensación a la sentida hace tan solo unas semanas, y que intento explicar en un post reciente, en la casa-taller de trabajo de Konstantin Stanislavski, en Moscú. Los dos grandes del teatro disponían de moradas razonablemente confortables, pero exentas por completo de elementos ornamentales vacuos. Por el contrario, un aire de esencialidad flota en ambos espacios interiores y en sus objetos. Parecido al que se respira ahora mismo en casa de Jean Claude Carrière, en París, dramaturgo de Peter Brook, biógrafo y guionista de seis o siete películas de Luis Bueñuel, en donde estuve invitado en tres ocasiones.

  

Las casas… Recuerdo que me impresionaron mucho las de Antonio Gala, en Madrid, a la que me invitó cuando yo tendría apenas veinte años, esta sí que lujosa y bellamente recargada; la de Lluis Llach en la plaza de San Jaume en Barcelona, de la que recuerdo un enorme piano de cola y las paredes prácticamente vacías; la de Albert Boadella, cercana a la cúpula, el lugar donde ensayaban sus espectáculos Els Joglars, una masía llena de cuadros y libros, entre otros los de Dolors Caminal, su esposa y también amiga mía. Esa casa se la quedó finalmente otro amigo, el actor fetiche de la compañía, Ramón Fontseré con quien he compartido horas de intimidad en el fragor de algunos bares.

Casas, cada una diferente a la otra, pero todas hechas a imagen y semejanza de las personas que las habitaban, como no podía ser de otra forma. Como la de Nuria Espert, enfrente del Teatro Real de Madrid, en la que estuve hace algunos años con José Monleón y José Sanchis Sinisterra, entre otras muchas personas, y a la que he vuelto recientemente un par de veces, de un refinado buen gusto, llena de libros y de recuerdos personales: premios, cuadros, dibujos de Rafael Alberti, etc.

26/08/2007 11:48 Autor: Roberto Zucco. #. Tema: Como la vida misma Hay 3 comentarios.

Mitomanías (1)

20070823225652-en-la-tumba-de-cesar-vallejo2.jpg

A lo largo de mi vida he sentido admiración profunda por muchos artistas e intelectuales: escritores, músicos, actores, directores de escena… Sin embargo, hay pocos que han traspasado la frontera de la mitomanía. Es decir, soy un mitómano, sí, pero un mitómano muy selectivo. 

Saco esto a colación después de haber leído un magnífico post escrito por Javier Rioyo sobre el asunto, en su no menos magnífico blog,  www. blogs.elboomeran.com, que desde ahora recomiendo. Como le ha ocurrido a Rioyo, periodista, escritor y actualmente conductor de “Extravagario”, programa que emite la 2 de TVE, París ha sido una de las ciudades especialmente importantes en mi modesta pero firme trayectoria como mitómano. Dentro de la ciudad, sus tres principales cementerios son lugares especialmente estratégicos: el de Montparnasse, el de Père-Lachaise, y el menos conocido de Montmartre.  

Del primero, recuerdo con auténtica emoción el hallazgo de la tumba de César Vallejo, el poeta sobre cuya obra comencé y no concluí una tesina en la Universidad de Barcelona a mediados de los setenta. Encima de su tumba hallé una piedrecita, que alguien abandonaría de manera intencionada y que me traje a mi ciudad en un acto del que después me he arrepentido miles de veces. En la lápida (ver foto) me conmovió leer esa frase extraída de su conocido poema: “Yo nací un día que Dios estuvo enfermo”. También se puede leer: “J’ai tant neige pourque tu dourmes, Georgette” (“He nevado tanto para que durmieras, Georgette”) Allí estuve sentado más de una hora, recordando sus poemas, “sus jueves parisinos con aguacero”, su relación de amor con Georgette, la mujer que sentía celos de Pablo Neruda, la manera como el poeta le describía a su madre la grandeza de la ciudad en la que vivió y murió finalmente. Junto a la de Vallejo, están también las tumbas de Eugène Ionesco, Samuel Beckett, Jean Paul Sartre, Simone de Beavoir, Charles Baudelaire, Margaritte Duras, el cantante Serge Geinsbourg, y tantos otros, que reciben cada día centenares de vistas, muchas de las cuales dejan su testimonio en forma de ramo de flores, tarjeta de visita o simple cajetilla de cigarrillos. 

En el Père-Lachaise, el más grande de París, ubicado en el distrito XX y concebido por el arquitecto Alexandre Theodore Brongniart, descubrí emocionado la tumba de mi admirado Molière, pero también la del pianista Michel Petrucciani, o la de Jim Morrison, el controvertido cantante de The Doors, que es siempre una de las más concurridas. Allí también están, entre otras muchas, las tumbas de Apollinaire, Maria Callas, Alfred de Musset, Marcel Proust, Isadora Duncan, la más reciente de Gilbert Becaud, etc. 

Pero debo destacar la emoción que sentí una fría mañana de invierno en el Cementerio de Montmartre, localizado en el 37 de la Avenue Samson, en el 18 arrondisrement, donde se encuentra la tumba de Héctor Berlioz, Alexandre Dumas hijo, etc. Yo buscaba la de Louis Jouvet, maestro de maestros, de quien acababa de leer varios textos sobre dirección de actores y sobre la experiencia del “Cartel”, el colectivo de directores de escena (Pitöeff, Dullin, Baty y el propio Jouvet) que cambió las directirices del teatro europeo a finales de los años veinte. Encontré finalmente la tumba de Jouvet, pero antes de hacerlo me di cuenta de que mis pies estaban nada menos que encima de los restos de Bernard Marie Koltès, al que considero como  uno de los dramaturgos más importantes del siglo XX, autor entre otros textos de “Roberto Zucco”, “En la soledad de los campos de algodón”, o “Muelle Oeste”. No quiero confesar públicamente lo que se me ocurrió hacer en ese momento, una acción en consonancia con la tormentosa vida de este genial escritor, muerto en Abril de 1989 y paradigma perfecto de los conflictos, pasiones y enfermedades de finales del siglo XX. 

Pero París, claro está, no son solo sus cementerios desde esta perspectiva mitomaníaca. También existen Pigalle con sus tugurios frecuentados por los surrealistas, el boulevard Montparnasse con mi adorados cafés de las que era asiduo Luis Buñuel (El Select, la Coupole, la Closerie des Liles, o la Rotonde), y el boulevard Saint Germain, con los no menos queridos Brasserie Lipp, Le Café de Flore o Le deux Magots, mi preferido, espacios de creación y debate intelectual para Albert Camus, María Casares, Sartre, Beauvoir, etc.

Y qué decir del barrio latino, la plaza y el boulevard de Saint Michelle, que han sido lugares que por razones diferentes jamás olvidaré. Ya conté en mi blog las sensaciones que viví en el primer viaje a comienzo de los años ochenta, en donde la casualidad me llevó hasta la iglesia de Saint Severin un jueves santo, en donde una anciana de pelo blanco bailaba una danza de cuyos compases era ella la única conocedora. Nosotros veíamos bailar a una diosa de la mitología, componiendo una mágica imagen, extraída de alguno de los mejores libros de Cortazar. Poco después el azar me llevó hasta le “Polly Maggo”, situado enfrente justo de la iglesia, un bar infecto pero entrañable, de mesas de madera apolillada  y permanente olor a humedad y aguardiente, en donde escuchar a Paco Ibáñez, Leo Ferré y Jacques Brel fue una costumbre mantenida desde hacía décadas. A ese lugar volví siempre, viaje tras viaje, porque, según me explicaron unos tipos completamente borrachos allí mismo, y Emma Cohen me ratificó después, los jóvenes airados del Mayo del 68 tenían aquí uno de sus campamentos base.  

Pocas decepciones tan grandes como la que sufrí el día en que pude comprobar que tanto este pequeño espacio, como el edificio que lo contenía, situado en la rue Sain Jacques, a pocos metros del boulevard Saint Germain, había sido demolido.

23/08/2007 22:56 Autor: Roberto Zucco. #. Tema: Como la vida misma Hay 6 comentarios.

Ahora sí

20070730004509-pict0001.jpg

Ahora sí.

He superado los problemas de intendencia.

He superado los problemas de pereza.

Necesito volver a escribir.

Me gustaría volver a ser leido.

Vuelvo ya. Desde mañana mismo.

Roberto Zucco.

30/07/2007 00:46 Autor: Roberto Zucco. #. Tema: Como la vida misma Hay 6 comentarios.

Como decíamos ayer...

20070504125308-escribir.jpg

Charles Péguy, el escritor católico y discípulo de Bergson, decía que no hay nada más viejo que el periódico de ayer, y que, sin embargo, Homero conservaba una especie de eterna juventud.

Es cierto. En el mundo de los blogs y de internet se podría decir que no hay nada menos actual que un blog no actualizado. Un blog en donde su titular no escribe es como si las hojas de otoño lo cubriesen a los pocos segundos. El cadáver de un blog se descompone rápidamente transmitiendo una acelerada y destructora sensación del paso del tiempo. Además, y esto me ha pasado a mí, provoca una sensación de abandono a quienes tenían la costumbre de frecuentarlo.

Estoy replanteandome el futuro de este blog. Diversas circunstancias han provocado su parálisis. Tal vez la más poderosa sea la más tonta de todas: hace meses que se estropeó el ordenador. Posteriormente me cambié de domicilio y el nuevo continúa embalado esperando una mesa en donde asentarse. Esta precariedad ha propiciado esta situación.

Y también hay otras razones personales. Entre ellas una cierta fatiga para escribir, además de la falta de tiempo para hacerlo.

Sin embargo, en breve tendréis noticias mías. Contemplo tres opciones: a) Dejar de escribir. b) Abrir un nuevo blog con otro perfil. c) Mantener el actual introduciendo nuevas secciones.

Lo estoy pensando. Lo pensaré hasta el día en que llegue la mesa, desembale el nuevo PC y alguien me conecte a internet. En ese momento decidiré.

Me acuerdo mucho de vosotros/as.

 Roberto.

04/05/2007 12:53 Autor: Roberto Zucco. #. Tema: Como la vida misma Hay 17 comentarios.

El sentido de este blog

20070226125939-escribir.jpg

Estoy a punto de regresar a la normalidad, a la rutina. No hay perspectiva que me guste más, como ya saben los que me conocen. En esa normalidad rutinaria incluyo también lo de escribir y leer en mi blog y en los de los demás. Isabel ha regresado, algo desorientada y muy cansada porque sus últimas semanas en República Dominicana fueron agotadoras, pero feliz y contenta por estar aquí y por haber resuelto satisfactoriamente sus quehaceres. Vuelve a su segunda ciudad.

Hace un año en Zaragoza hacía un frío siberiano y ahora, para su sorpresa y para la mía, hace un tiempo casi primaveral. Con ella regresó también mi propia serenidad y esto tiene más de verdad que de metáfora audaz. Ahora todas mis alegrías y mis problemas están cerca, y esa corta distancia hace que las primeras sean más contundentes y la solución de los segundos más abarcable. Cuando escribí el post en el que anunciaba que nos habíamos casado en un pequeño juzgado de Las Terrenas, intentaba decir que a partir de ese momento nos constituíamos en pareja normal, es decir, expuesta a todos los peligros y vendavales pero, al mismo tiempo, concentrada en la vida misma, en las pequeñas conquistas diarias, en los pequeños problemas domésticos, en intentar ser felices, y no en ese estado de ansiedad en el que las personas nos instalamos cuando no controlamos el contorno de nuestras vidas, provocado, en nuestro caso, por la necesidad de que los pasaportes de ambos hablaran el mismo lenguaje.  

Eso es lo que somos ahora mismo: una pareja normal, integrada por dos individuos muy diferentes en algunos aspectos y extraordinariamente coincidentes en otros que quieren perderse entre la multitud. 

Murieron mis padres, la conocí a ella, y, además me ocurrieron otras cosas que alteraron por completo el ritmo de mis días. 2006 acabó, pues, con un balance agridulce, más agri que dulce, salpicado de enormes golpes y grandes momentos. Un “restaurante definitivo” fue el preámbulo de una relación peculiar y apasionada, que se mantuvo y se mantiene a pesar de los inconvenientes que encontró en su camino. Juntos supimos vencer esos inconvenientes, y ahora, sin ellos, nos hamos fortalecido e intentamos vivir con perspectiva, salud y cierta comodidad. Sencillamente. 

Esto es un anuncio. Roberto Zucco tiene previsto dejar de hablar de sí mismo y de sus circunstancias. Por lo menos de “él mismo ahora”. Sé que la página ha virado demasiado hacia la crónica personal en detrimento de ese perfil polémico que tuvo hace más de un año en donde lo importante eran las opiniones sobre cine, teatro, literatura y política, que fueron precisamente su origen. La vida tiene estas cosas: a veces prima algunos de sus aspectos y oscurece otros. Yo no he tenido ni tiempo ni ganas de hablar de teatro, por ejemplo, porque el dolor y la incertidumbre me acuciaban demasiado y la balanza se inclinó absolutamente hacia mi propia realidad. Pretendí ser sincero en la expresión de mis prioridades a costa seguramente de perder lectores por el camino. Sin embargo, me hicieron siempre buena compañía los que se quedaron, ahí fuera y al lado mío. 

Ojalá vuelva a producirse ese fenómeno de integración intelectual del que tan orgulloso me sentí en su momento. Yo apuesto por eso a partir de hoy mismo.  Ya puedo escribir de algo diferente a mi propia angustia.

26/02/2007 12:59 Autor: Roberto Zucco. #. Tema: Como la vida misma Hay 26 comentarios.

Mala suerte

20070219134710-ordenador.jpg

Me fui de bitacoras porque se estropeaba demasiado el artilugio. Me cambié a blogia porque teóricamente no se estropeaba nunca. Al cabo de un mes se estropea blogia. Estos señores son muy educados y cuando he querido entrar en mi página y en otras me explicaban muy correctamente en qué consistía la avería y otros detalles. Lo de bitacoras me llegó a hacer gracia. Cuando intentaba colgar un nuevo artículo o leer un simple comentario me decía que "se había producido un error inesperado..." Digo que tenía gracia porque llegó un momento en que lo inesperado hubiera sido que la cosa funcionara correctamente.

Pues bien, ahora blogia ha estado fastidiado y cuando al fin consigo entrar veo que el último post que colgué desde Barcelona, y que yo vi con mis propios ojos, ha desaparecido. Se lo habrá tragado la enfermedad informática o yo qué sé qué demonios. Lo reescribiré en el transcurso de las próximas horas.

19/02/2007 13:47 Autor: Roberto Zucco. #. Tema: Como la vida misma Hay 2 comentarios.

La cotidiana visita de lo insólito

20070115163830-lodazal.jpg

Pasan los días en este país que no es el mío, y al que no termino de acostumbrarme. Aquí lo insólito es un invitado que se presenta todos los días a cualquier hora. Puede ser la lluvia: cae una tromba tremenda y media hora después el sol resplandece. Eso sí, las calles se quedan llenas de fango, absolutamente impracticables. El otro día Isa me pidió que fuera a comprar el pan del desayuno. Lo intenté, me quedé en medio de un lago, y regresé con las manos vacías. En lugar de asfaltar las calles de una vez, lo que el Ayuntaminto de Las Terrenas hace es echar más tierra encima del lodazal y apelmazarla. Cuando vuelve a llover, se vuelve a presentar el lodo, y así sucesivamente. Es , sin duda, una metáfora perfecta de lo que pasa en general: los problemas no se resuelven sino que se aplazan hasta una mejor ocasión que no suele llegar nunca.

No solo la climatología es impredecible y extraña. Formaría parte de lo normal que esta noche entraran en casa unos atracadores, pongamos por caso, y nos robaran hasta la camiseta. Nadie se sorprendería demasiado. Al contrario, reforzaría las estadísticas. La intimidad tampoco existe. Intento hablar con Isa de algo y al momento aparecen seis vecinos que se quedan a ver la televisión toda la tarde. Para hablar a veces nos tenemos que ir de casa.  Otras desespero, y esta exposición a la casualidad no hace más que recordarme algunos aspectos de mi propia fragilidad.

Ayer sacamos de la cárcel a un tipo porque no le había pagado la manutención de los hijos a su mujer. Esta se fue a la policía e inmediatamente lo metieron entre rejas. Como tiene cierta vinculación con su familia, pagamos el importe y lo sacamos. Pues bien, yo esperaba a la salida una escena tremenda entre los cónyuges, y, sin embargo, éstos se saludaron con cierta cordialidad y hasta se sonrieron como si recordaran los tiempos iniciales en que debieron ser felices. En realidad parecían actores que encarnaban los personajes de marido irresponsable, esposa airada y niños desamparados... Como pasa en los teatros, cuando la función termina los actores se quitan los ropajes, se saludan y se toman una copa juntos en el bar de enfrente. Hamlet y el asesino de su padre compartiendo unas gambas a la plancha después de haberse zaherido sobre el escenario. Aquí después de la función se ponen todos a escuchar bachata. Tengo curiosidad por lo que pasará dentro de unos días cuando se cumpla un nuevo plazo y el marido vuelva a no pagar. No pagará, alguien le pagará el dinero (esta vez no seremos nosotros), saldrá de la cárcel y a escuchar bachata...

Sin embargo, esta circunstancia me proporcionó la posibilidad de conocer al jefe de la policía local, un hombre alto y culto, que, sin conocerme de nada, se explaya conmigo y hasta me enseña las fotos de sus tres hijos. Mientras que Isa iba en su moto a buscar a la que hacía el papel de mujer ultrajada, me contó cosas increíbles. En su destacamento cuenta con diez hombres y tres vehículos. Es decir, nada. La gasolina para llenar el depósito de estos últimos suele acabársele sobre el día 12 o 13. Es decir, los delincuentes solo tienen que esperar a la segunda quincena de cada mes porque a partir de ese momento nadie podrá peseguirles.

Otra curiosa circunstancia que me tiene frito... Si quedas con alguien a una hora existen muchas más posibilidades de que no venga, o llegue extraordinariamente tarde. Aquí si que las estadísticas no fallan.

 

 

15/01/2007 16:38 Autor: Roberto Zucco. #. Tema: Como la vida misma Hay 4 comentarios.

Sinfonía

20070108165010-gallo.jpg

Hasta las doce de la  noche Las Terrenas es  puro bullicio. A esa  hora las nueves leyes dominicanas dictaminan que todas las discotecas y bares deben cerrarse, excepto los fines de semana que se cierran a las dos. Curiosa ley en un pais como este en donde bailar y beber equivalen a respirar. Pues bien, todos a la cama, o a seguir la juerga en la casa de uno mismo, porque se supone  que así se controlan mejor los excesos y se dificulta el tráfico de drogas. Ja. Me sorprende tanta ingenuidad legislativa, porque esas cosas, de ser controlables, no se controlan solo "prohibiendo", como ya sabemos los europeos por experiencia.

Como digo, las doce suponen una frontera entre el ruido y un silencio intenso. Se acabaron las bachatas. Es verdaderamente increible: aqui se pasa de bachata a bachata. Tu vas en un taxi, por supuesto escuchando una bachata, para, y comienzas a escuchar otras bachatas cercanas o lejanas, y siempre muchas a la vez y aun volumen inimaginable. Si entras en una casa particular, está sonando una bachata, y si no, alguien canta otra bachata. Por eso inevitablemente al cabo de una semana en República Dominicana yo ya me he aprendido más de veinte. Hasta sé ya cuáles son los artistas más destacados del ramo, sus vidas y sus últimos éxitos. Creo que en el gusto desmedido por la bachata es en lo único que están de acuerdo todos los dominicanos, jóvenes y viejos.

Estábamos en el silencio intenso. Es un silencio más potente si cabe que el ruido de por el día, que ya es decir. Si acaso, a lo lejos se oye el suave rumor del mar. Nada más. Alguna vez cae la lluvia unos minutos. Nada más. Silencio.

Pero a partir de las tres de la mañana comienza lo que yo llamo mentalmente la sinfonía. Primero es un gallo cabrón que tiene la obtusa virtud de despertarme. Insiste el gallo cabrón varias veces, y tanto insiste que contagia a otro, y luego a otro, y luego a doscientos más. Qué feo es ese kikiriki de los gallos. Hoy me he dado cuenta que es un sonido absurdo, desmochado, feo de narices. Es sencillamente la expresión acústica de la única reflexión intelectual que estos bichos, destinados inevitablemente a la cazuela, saben decir: "Mira qué bien, otro día más, aquí jodiendo al personal, con la única esperanza de terminar siendo AVECREM...".

Pero la cosa no acaba aquí: lo que comenzaron los gallos lo continuan los perros. Guau, guau... dice uno, y desde la distancia le contesta otro con las mismas palabras, carentes de sentido concreto.  Parece que compiten con los gallos en hablar sin decir nada concreto. Se han puesto de acuerdo, o la naturaleza les ha puesto de acuerdo: A ver quien está más tiempo diciendo cosas inconcretas y jodiendo a un servidor.

Y por último, la fauna total se despierta. Los burros, los gatos, las vacas... Ya es una algarabía tremenda contra la que no hay leyes que puedan restringirla u organizarla. Y así estoy yo, insomne y desvelado ante este ordenador, escuchando ya los primeros motores y las primeras bachatas del día.

Odio a los gallos desde hoy.

05/01/2007 16:18 Autor: Roberto Zucco. #. Tema: Como la vida misma Hay 2 comentarios.

Nos hemos casado

Sí, nos hemos casado. Quienes nos conocen saben que para Isa y para mí casarnos era algo realmente importante en nuestras vidas. Ninguno de los dos, paradógicamente, creemos demasiado en el matrimonio porque ambos conocíamos sus intríngulis y sus lados ocultos. Más bien lo contrario. Sin embargo, en nuestra situación y en nuestras circunstancias, contraer matrimonio comienza a solucionar toda una serie de problemas que la burocracia y las leyes internacionales, supuestamente pensadas para que los ciudadanos que las disfrutan o padecen sean libres y felices.

A lo largo de estos últimos diez meses hemos aguantado la injusticia y el rigor absurdo de esas mismas leyes. Hemos padecido también, como consecuencia de lo primero, la desfachatez de abogados corruptos e incompetentes. Hemos sufrido mucho,  lo suficiente como para darnos cuenta de que si lo hacíamos era porque verdaderamente entre ambos existía una relación que trascendía todas estas contingencias. Hoy acaba el último capítulo de una novela de la desdicha que hemos escrito juntos durante un año en que yo, sobre todo yo, fui enormemente desgraciado, aunque también muy feliz gracias a su presencia. Ahora empezamos a vivir juntos, simplemente, como cualquier pareja expuesta a todos los peligros de saberse vivos.

Ha sido en una pequeña oficina judicial desprovista de cualquier elemento ornamental. Por no haber ni había una bandera de este país que le confiriera al acto un cierto punto de solemnidad. Mejor así. La ceremonia, lo más sencillo que jamás pude imaginar. Los contrayentes, dos testigos y una jueza que bromeaba de vez en cuando con los textos que conocía a la perfección de tanto leerlos. Lo hizo incluso cuando mencionó las leyes dominicanas de las que destacó su inexistencia o su falta de aplicación. Nos incribió en el primer libro del año 2007, y miró al celular para cerciorarse de la hora exacta: las once y once minutos de la mañana. Cuatro palitos, dijo, parece que subrayando la casualidad y pronosticándonos buena suerte. Cuando nos preguntaron que si queríamos casarnos ambos dijimos que sí, no solo a eso, sino que si a que el mundo cambie, las leyes de inmigración también, y el sufrimiento de miles de personas sea paliado con otras leyes más justas, razonables y perfectamente posibles.

Nos acordamos también de todos aquellos y aquellas que, lejos o cerca, fueron también testigos. Ahí estábais mi primo Roberto, Jaime, Joan, Miguel Angel, Jean Louis, Juanjo, josé Luis, Marilés, Paloma, Rafa, Begoña, Josefina, Javier, Isabel, Evita, Emma, María, Elena, Silvia, Pilar, Alejandra, Lucía, Angela, Alfonso, Paco, y tantos otros y otras, sonrientes y encoloniados, aplaudiendo el momento en que besé a la novia, que estaba un poco aturdida y más negrita que nunca. Décimas de segundo antes me fijé en esa nariz que apenas puede acoger unas gafas. Tendríais que verla. Creo que lo que más me gusta de ella es su nariz.

 También me acordé de vosotros, blogeros y blogeras queridos. Y de esos lectores que siguen a Roberto Zucco desde hace tiempo.

También vi a nuestros hijos, casualmente de la misma edad, guapos y felices, comenzando una relación fraterna y transoceánica todavía más inesperada.

03/01/2007 18:08 Autor: Roberto Zucco. #. Tema: Como la vida misma Hay 18 comentarios.

Las Terrenas

20070102172752-negritos.jpg

Van pasando las horas en República Dominicana. Es una adaptación lenta, a veces con un cierto punto de complegidad. Sin embargo he desarrollado a lo largo de mi vida una cierta capacidad para superar este tipo de retos personales. No tiene mucho mérito lo mío, la verdad sea dicha, porque en esta oacsión Isa me facilita las cosas de manera permanente.

Isa aquí es como un sargento de caballería, incluido un punto de mala leche que me sorprende en ella. Me hace gracia verla mandar a todo el mundo, a su familia, a sus amigos, a sus vecinos y, especialmente, a una cuadrilla de trabajadores que le están haciendo una casita a su madre. Ayer vino a cenar a nuestra casa Juan, el maestro de construcción. Es un chico muy negro, alto y delgado, con la cabeza muy despejada, culto, sensible y gran profesional en lo suyo, según parece. Hablamos de política, de las costumbres tan diferentes entre mi país y éste. El no ha cumplido los treinta y ya tiene cuatro hijos, con cuatro mujeres diferentes. Juan reconoce que eso es tremendo y que esos cuatro chicos en gran medida le han hipotecado su vida. Posiblemente esa sea la razón por la que no podrá venirse para Espana, que ha sido siempre su gran sueno. Mientras cenamos unas magníficas chuletas de cerdo que Isa ha cocinado muy bien y hablamos, fuera hay un incesante rumor de chicos jugando, de perros ladrando y de motos pasando a lo lejos.

Yo no había visto en mi vida una concentración de motos como la que hay en este pueblecito. En realidad se podría decir que cada habitante tiene una, más o menos buena, para desplazarse por los caminos llenos de lodo, puesto que no deja de llover, y por las escasas carreteras asfaltadas. Las Terrenas es chiquito en cuanto a población, pero sus dimensiones son enormes. Nosotros vivimos en el corazón de la población autóctona, en una casa que Isa alquiló cuando vino hace un mes y diez días, y a los gringos los vemos pasar en sus motores confortables y sus artefactos todoterreno. Cuando vine aquí hace unos meses sentí una cierta verguenza de ser europeo. Me molesta esa arrogancia del dinero, ese desprecio que los turistas, alemanes y franceses principalmente, tienen por los habitantes de aquí a quienes tratan como esclavos en algunas ocasiones. La imagen de un alemán con las piernas encima de una bella mesa de madera colonial se me quedó grabada en la retina el otro día en Santo Domingo. También me irrita la pasividad de estos últimos con respecto a los primeros.

Nada más, de momento. Isa hace papeleos matinales mientras yo escribo esto desde otro internet café en donde me encuentro yo solo. Este es más confortable y tranquilo que el anterior. Me entero de que el real Zaragoza no va a fichar más jugadores en el llamado mercado de invierno, y, sobre todo, leo con profunda indignación y tristeza que ETA haya vuelto a las andadas de la manera que lo ha hecho.

02/01/2007 17:27 Autor: Roberto Zucco. #. Tema: Como la vida misma Hay 2 comentarios.

2007

20061231213003-alcazar1.jpg

1.

Hace dos dias que llegue a la Republica Dominicana. Isa me esperaba en el aeropuerto de Las Americas. Los primeros minutos fueron de tanteo. Con lo que esta mujer y yo hemos vivido juntos, tiene gracia que nuestra primera impresión compartida fuera como de vergüencilla adolescente. Nos mirabamos de reojo, como los jovencitos que han quedado en una cafeteria por primera vez en su vida. Estaba mas gordita, muy guapa y un poco desorientada. Estamos ambos desorientados. La distancia y el tiempo desorientan. Muy pronto comenzamos a recuperar la normalidad entre nosotros, en nuestra manera de estar juntos, hablando o en silencio, durmiendo o paseando. Estamos en ello. Que diferencia de la vez en que llegue solo y sin maletas apenas hace tres meses y todo fue raro, frio y asfixiante al mismo tiempo. Ahora todo es mas normal, y, ademas, el calor es menos intenso.


Estuvimos dos dias en Santo Domingo y paseamos por la zona colonial, compramos ropa y algunos regalos y tomamos unas cervecitas. No salimos mucho del hotel, en gran medida porque ambos estabamos francamente cansados. Yo últimamente no dormia en Zaragoza por la ansiedad de volver a verla. Ahora escribo desde Las Terrenas, en un Internet café en donde yo soy el unico blanco. Tengo a cuatro delante de mi que utilizan un mismo ordenador y se lo estan pasando de puta madre escuchando una especie de rap raro que debe ser haitiano. Isa se esta haciendo la manicura, algo que aquí cuesta cuatro perras, mientras que yo reviso los correos, leo los periodicos, escribo esras lineas, y me relajo un poco. 

2.

Se ha muerto el padre de mi amigo Javier. Cuando lo supe, me lo dijeron a traves de un SMS, me emocione mucho. Me acorde inevitablemente del mio, de su muerte rapida y tremenda, como la de mi madre. Me acorde de que este puto 2006 que acaba cinco horas antes en mi pais se los ha llevado a los dos. El padre de Javier era joven, los mios no lo eran. Es igual, no hay manera de aceptar la muerte de alguien que quieres. Yo, Javier, entiendo perfectamente tus sentimientos. No solo los entiendo, me atrevo a decirte que los comparto. 

3.

Me llama Isa por telefono. Me pasa a buscar en media hora. En casa de su familia, que ahora es la mia, se afanan en la cocina preparando la cena de esta noche.  Estreno familia. Pero alli hay personas a las que quiero. Mi hijo, que esta cada dia mejor, cena con su madre y la familia de ella, mi tia M estara sola, y mis amigos, la mayoria escépticos con este tipo de celebraciones, tomaran las uvas y pensaran tal vez en mi. 

4.

Seas quien seas el que leas esto, te deseo que lo que viene sea mejor que lo que se va. Para mi va a ser muy facil.

31/12/2006 21:30 Autor: Roberto Zucco. #. Tema: Como la vida misma Hay 5 comentarios.

Cenas de navidad

20061224000456-navidad1.jpg

1.

Un amigo me escribe: “Roberto, te felicito los días posteriores a la navidad, porque en estos no me es posible”. Con este espíritu escéptico yo solía enfocar estos días navideños, sus prólogos, sus fechas señaladas y sus epílogos. Nunca supe porqué, pero la navidad jamás me terminó de gustar, tal vez porque supuso siempre un molesto paréntesis en la rutina del colegio, del trabajo, de la vida normal, que es donde verdaderamente me ha gustado estar instalado.

 

Sucede, sin embargo, que este año las circunstancias de mi vida han dado un giro de ciento ochenta grados con respecto a la situación de hace 365 días. Ya no están las personas con las que siempre compartí esas noches, y que, a modo de compensación, la vida me hizo coincidir con la que actualmente es mi compañera, aunque ahora se encuentra al otro lado del Atlántico. Todo esto le confiere a estas fechas un carácter de estreno de un nuevo capítulo en mi propia vida y eso siempre contiene un grado de incertidumbre. No sé, no sé...  me siento bien, aunque tristón, bastante ansioso, expectante, esperanzado.

  2.

Cuando hablaba de los prólogos me estaba refiriendo a las cenas prenavideñas, que suelen organizarse entre amigos del colegio que hace tiempo que no comparten pupitre, o compañeros de trabajo que actualmente participan del mal rollo o buen rollo laboral.

  

Este año no ha habido cena del colegio y lo siento. Desde que Emilio P. dimitió como coordinador del evento, por razones que no quedaron demasiado claras, lo cierto es que ya no veo a algunas personas con las que me une un lazo invisible de simpatía. Compartir un naufragio da para mucho y volver a ver a sus víctimas es una buena terapia contra el olvido.

  

Sin embargo, he tenido varias cenas de las segundas. Es decir, cenas organizadas por la empresa o por círculos concretos de compañeros y compañeras del trabajo, algo que yo no frecuentaba con anterioridad.

  3

Así las cosas, el miércoles cené con Emma, Isabel, Teresa y Lucía, cuatro compañeras, queridas amigas ya, que en todo momento me trataron como “una más”, y no evidenciaron nuestra flagrante diferencia de sexo. Si antes me parecían enormemente majas, ahora estoy a la búsqueda y captura de un adjetivo que les haga justicia, y todavía no lo he encontrado. Emma me encanta: pase lo que pase sabe estar en los sitios, mantiene una calma tibetana y todo lo que dice o hace pasa el control de calidad de la coherencia y de una sabiduría práctica que siempre me ha maravillado. Como Mayte es de Bilbao hay un primer peldaño que cuesta poco subir para relacionarse con ella. Ya en el entresuelo te das cuenta que sabe un huevo de lo suyo. En la azotea le has mirado el escote por el que asoma un gran corazón. De Isabel siempre pensé que un día la vida le dará un premio. Se lo merece por buena gente y buena profesional aunque ahora mismo atraviesa un periodo de crisis que, sin duda, va a superar pronto. Lucía fue primero una prometedora voz al teléfono desde Japón. Cuando la voz se hizo carne y habitó entre nosotros, pude comprobar que es lista, lista, lista. Y buena, buena, buena. Y generosa, generosa, generosa. Ella sabe porqué digo esto.

 4

Y hace dos días tuve la gran cena de la empresa donde trabajo de vez en cuando. La cena vino precedida por una jornada de convivencia de esas que se organizan en las grandes empresas americanas y que a algunos nos parecen auténticas bobadas. No hay convivencia mejor que irse a un bar a contarse la vida, o directamente a la cara, sin intermediarios, animadores ni técnicas infantiloides para que “cada uno saque lo que lleva dentro”. Yo, lo que llevo dentro, lo saco cuando me da la gana y sin esfuerzo alguno, excepto si me ponen precisamente un par de cretinos para intentar sacarlo.

  

Por la noche cenamos, como digo, en un hotel céntrico de la ciudad. La mayoría de los comensales nos desconocíamos por completo, puesto que a lo largo de los últimos meses ha habido un importante número de incorporaciones. Gente, en su mayoría, “joven y muy preparada” en sus respectivos terrenos profesionales. Como siempre ocurre, nos fuimos acercando al centro de la pista los corazones afines, que con un par de tragos se hacen todavía más afines. En medio de la verbena nos quedamos, pues, los escépticos, los humanistas, los que sabemos llorar de vez en cuando, los que nos pasamos el día riéndonos, los que compartimos un parecido sentido del humor, los que no nos fallaríamos nunca, los que tenemos al amor en un alto concepto, los que nos caemos de puta madre, los que cuando alguien está triste, como yo estas navidades, aparecen de vez en cuando, de puntillas, sin querer molestar demasiado, para recordarme que siguen estando ahí: además de las cinco anteriores, Javier, Eva, Isabel, Begoña, Alfonso, Angela, Elena, Paco...

  

Ahí mismito.

24/12/2006 00:04 Autor: Roberto Zucco. #. Tema: Como la vida misma Hay 5 comentarios.

Viaje fugaz

20061208213319-maleta.jpg

1. Este va a ser el viaje más rápido, fugaz y probablemente absurdo que voy a hacer en mi vida a la ciudad que más amo. Para empezar en esa querida ciudad voy a estar unas cuatro horas, y la mayor parte del tiempo lo voy a emplear en empaquetarme en dos trenes y dos aviones, con los inevitables y frecuentemente molestos pasos anteriores. La razón de esta tropelía es de índole laboral, y deseo volver cuanto antes a casa porque mi chico y su perrillo “Boomer” me están esperando para jugar con la “play”. Me llevo una maletita que me compré en Madrid hace unos días, cuando al regreso de Qatar pensé que la otra, la gris estupenda que tanto nos gusta a Isa y a mí, se había quedado dando vueltas por el aeropuerto de Barajas hasta el final de los tiempos. Ahora tengo dos, la grande recuperada y otra pequeña, pensada de manera especial para llevar con ruedecillas el ordenador y algunos enseres personales.

2. Pienso en la decisión de tener un segundo blog. La verdad es que lo siento. Tengo cierto sentimiento de culpa por abandonar más de doscientos cincuenta posts como a su suerte. Sé que es una bobada, y que ahí se quedan siempre accesibles para quien quiera leerlos, pero, si normalmente le cojo apego a la ropa vieja y a los objetos de la vida diaria, cómo no tener un cierto cariño a esta cosa de difícil definición entre lo corpóreo y lo etéreo llamado blog. En cualquier caso seguiré con esta fórmula de mantener dos casas, como algunos maridos infieles pero ordenados, sin irme definitivamente de la primera hasta que vea que nuestra relación se ha hecho imposible.

3. Estos días me están pasando cosas agradables. No me gusta subrayar esta imagen de soledad y desvalimiento que estoy proyectando desde la marcha de Isa a su país, pero debo confesar que su ausencia y la tristeza de la que ahora soy mucho más consciente, consecuencia de la muerte de mis padres, me tienen bastante tocado. Por eso valoro enormemente ciertos detalles que ciertas personas están teniendo conmigo, tanto en la esfera personal, como en la profesional. Desde que escribí aquello de que me gustaría recibir sugerencias de cómo pasar unas navidades con cierta alegría no han dejado de llegarme  ofertas, invitaciones, ideas, sugerencias, planes, etc. Javier, Isabel, Eva y Bego me colman de cariño, cada uno a su manera. Mi nueva compañera Elena, a la que desde que hablamos por vez primera ya incluí en el “club de los seres queridos”, me dice cosas que me dan fuerza y confianza. Jaime, mi gran amigo de siempre, va a venir a pasar la nochebuena conmigo. Mi primita mexicana me atiende en la distancia aparente de los kilómetros y la cercanía real de un cariño nacido en lo más profundo de nuestros corazones. Amelia saca tiempo de sus quehaceres y problemas familiares y me llama por teléfono para interesarse por mí, y son muchos los que me abruman con variadas proposiciones de cenas íntimas y colectivas. Ahora el problema va a ser de agenda: me harían falta más días para poder estar con todos ellos, complacerles y agradecerles tanto detalle y consideración.

Pero cuento esto, de manera especial, porque pasaron apenas unas horas de cuando yo escribí aquel ruego para que A (sin su permiso no escribiré su nombre completo), propietaria y autora de uno de los blogs mejor escritos de entre los que leo, y residente en Zaragoza, me enviara un correo privado para invitarme a pasar con ella y su familia la cena de navidad. Me quedé de piedra, porque, además, los argumentos que empleaba para hacerlo los suscribo por completo. Me venía a decir, o así me pareció entenderlo, que nada mejor que una situación tan peculiar como esa merecía ser aderezada con un elemento más peculiar todavía. “Ponga un solo a su mesa”, podría titularse esta invitación si al final se convirtiera en moda social.

Pues bien, nada más llegar a mi ciudad he llamado a A para quedar con ella, su marido y creo que su hijo, a merendar mañana en una cafetería del centro. Allí le diré lo mucho que le agradezco esa propuesta. También le diré lo que ya le dije: me encantan sus maneras, su corrección, su generosidad desprovista de fuegos artificiales, que va discretamente directa al corazón del beneficiario, en este caso al mío. Será por tanto la tercera cita, después de conocer a Miss Calamity y a Gatopardo, de las que ya escribí hace bien poco, con personas sin cara pero con un alma evidente y tierna, a pesar de la electricidad que soportan.

  4. En casa. Se acabó un viaje absurdo, aderezado por la lluvia persistente que hizo que la mayor parte del tiempo lo empleara en coger en taxis. La gran ciudad estaba colapsada por la lluvia y por un frío intenso, y encontrar un vehículo que me llevara hasta el aeropuerto fue toda una aventura. Tuve que alquilar un "gran turismo" en la parada de la Gare du Nord que me costó un huevo. Le he cogido afición a hacer fotos y vídeos con el móvil: la gran ciudad ha sido tan solo unas cuantas fotos del Pont des Arts desde la ventanilla del taxi, y del Louvre cuando pasaba hacia Orly. Total: veinticinco minutos de reunión (no cuatro horas como pensaba) y veinticinco horas de penalidades diversas.

08/12/2006 21:33 Autor: Roberto Zucco. #. Tema: Como la vida misma Hay 1 comentario.

Juan José Carreras

20061206221940-carreras.jpg

Estaba a punto de escribir sobre él en esa sección que quise llamar “Mi patria es mi infancia” y que intenta ser un resumen de mi vida. El es Juan José Carreras, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza. Fue mi profesor de esta materia en primer curso de Filosofía y Letras allá por 1972.

 Yo no he tenido maestros, y si los he tenido no me he dado cuenta. Con dos excepciones, la de mi padre y la de este hombre. Los demás me han enseñado cosas, sin duda, muchas cosas, pero siempre he tenido la sensación de no haber aprendido, sino de que me he ido encontrando con cosas aprendidas. Otro día explicaré esta sensación que se resume con una declaración de autodidactismo del que, por si hubiera alguna duda, no me siento nada orgulloso sino que considero una de las causas principales de mis carencias intelectuales. Me hubiera gustado aprender, que me enseñaran, tener capacidad para asistir y aprovechar cursos, integrados en una enseñanza sistematizada. Pero no fue así. Tal vez porque no tuve suerte y tal vez también porque soy un tipo de persona al que los pupitres le adormecen. Lo que sé no sé porqué lo sé, y prometo que esta frase no representa un brindis al sol. 

En ese contexto de vaciedad pedagógica, en un momento especialmente importante de mi juventud en el que estaba empezando a angustiarme “porque nunca iba a ser nada en la vida”, me lo encontré a él y me trasmitió dos ideas a partir de las cuales mi interior se transformó. La primera idea tenía que ver conmigo. Me dijo algo así como que me calmara, que no viviera en un estado de ansiedad paralizante. Me habló de que el tiempo perdido no es el invertido en vivir bien, y que, desde esa perspectiva, yo no había perdido el mío. Eso me tranquilizó y me puso en la disposición de comprender la siguiente idea: la Historia es la historia de la lucha de clases y no otra cosa. 

Sus métodos de trabajo me fascinaron, él me fascinó. Nos tuvo tres meses analizando “Opiniones de un payaso”, novela del escritor alemán Heinrich Boll, Premio Nobel de Literatura en ese mismo año, algo que rompía con la tradición de dictar apuntes y estudiarlos como papagayos. Nos educó en la conciencia crítica y en nuestra propia responsabilidad como estudiantes y personas. Era un hombre muy accesible, y recuerdo que mi madre, que por aquel tiempo trabajaba en el registro civil, le hizo un favor relacionado con su pasaporte que siempre me recordó con gratitud. Una tarde de verano los recuerdo a los dos hablando de cosas inverosímiles y variadas. 

No deja de ser un sarcasmo de la Historia, o, mejor dicho, de la cronología de la Historia, que su muerte, de la que me entere nada más llegar de Qatar hace dos días, haya coincidiendo con la agonía de Augusto Pinochet, el asesino chileno que protagonizó uno de los golpes de estado más infames y crueles que podemos recordar, comparable al de Franco en España. Carreras nos dirigió el punto de mira hacia las revoluciones latinoamericanas, y nos hizo leer algunos textos de Salvador Allende, en donde encontré un nuevo sentido de la justicia y que me sirvieron en aquellos años, y todavía, para creer que la esperanza en un nuevo mundo no es una estupidez sino una obligación. Siempre asocié este cariño por Chile, un país en donde jamás estuve, a las enseñanzas y al ejemplo personal de este viejo profesor que ha muerto, sin embargo, demasiado joven. 

Carreras fue también un melómano y un gran amante del teatro. Algunas veces me habló de Brecht, cuya obra conocía a la perfección, con un sentido crítico inteligente y extraordinario. Aunque no frecuenté su compañía a partir de mi marcha a Barcelona para continuar los estudios de Filología Hispánica, a mi regreso siempre que lo necesité para algo lo encontré. Pues, como he dicho, su accesibilidad, corrección y simpatía eran el mejor camino para gozar y compartir de su erudición, y a veces de su sincero y firme desacuerdo.  

Tenía la casa llena de libros y el corazón, creo, lleno de alegría de vivir.

06/12/2006 22:19 Autor: Roberto Zucco. #. Tema: Como la vida misma Hay 4 comentarios.


Blog creado con Blogia. Derechos de autor con . Estadísticas. Suscribir RSS. Admin.
Blogia apoya: Fundación Josep Carreras, y Evento Blog España. Vota en los Premios Bitacoras.com [Blog Oficial en LaInformacion.com]