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Resumen

El aborto, otra vez

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La policía detiene en Barcelona a Carlos Morín, médico en cuyas clínicas se hacían abortos a fetos de ocho meses y cosas así. Y el asunto saca a colación diversos temas colaterales que son los que verdaderamente me molestan. Que metan en la cárcel a este carnicero me parece un síntoma de que el sistema funciona, como suele decirse. Que vuelva a plantearse nuevamente el debate sobre aborto sí, aborto no, me parece, por el contrario, un síntoma de que el sistema no funciona del todo bien.

  

A raíz de este tema veo un debate en Antena 3. Supongo que esta cadena está en el ojo del huracán después del lamentable suceso acaecido como consecuencia de que una muchacha rusa muriera asesinada por su pareja después de asistir ambos a uno de esos programas basura que tanto gustan a la parroquia. Para cambiar esa imagen montan un debate que pretende ser muy serio y riguroso sobre el aborto con pausas publicitarias de casi veinte minutos, lo cual hace imposible seguir el hilo argumental de los debatientes. Pero bueno, en realidad para qué, si cada uno de ellos viene con su idea propia y lo que diga el de enfrente es considerado como una estupidez.

  

Y a veces con razón. Los de las asociaciones “provida” y similares atacan el aborto, faltaría más. Los progresistas lo defienden, o, mejor dicho, defienden que exista la posibilidad legal de abortar para quien desee hacerlo. Un médico dice que el debate social ya se hizo hace unos años y salió que sí. Es decir que se autorizaba el aborto en ciertos supuestos. Y Lidia Falcón denuncia que a día de hoy en Navarra, por ejemplo, ni supuestos ni hostias: allí no se aborta y punto. Faltaría más. Las navarras, como antes les pasaba a las españolas en general, se van a abortar a otro sitio y, en consecuencia, el aborto no existe.

  

Ahora yo me acuerdo de la polvareda que montaron los “providas” estos y la derecha de siempre. La derecha se opuso también al divorcio y luego han utilizado la ley a troche y moche. Me gustaría saber cuántas señoras que se oponían al aborto al final han terminado abortando. Porque al final la mayoría conseguimos una regulación bastante razonable, aunque en la práctica ha seguido habiendo problemas y resistencias. Pero la regulación, repito, era y es razonable. Y ahora viene este mamón de médico y se pasa siete pueblos. Resultado: no solo se habla de que este señor es un caradura sino que vuelve a salir a la palestra un asunto que ya estaba hablado. Este tipo ha tenido la dudosa virtud de aprovecharse de nuestras conquistas, ensuciarlas, y, de paso, beneficiarse económicamente de las mismas.

Porque comparativamente se habla poco de él y mucho de un tema del que, repito, ya hablamos en su momento y quedó claro lo que pensábamos la mayoría.

02/12/2007 20:18 Autor: Roberto Zucco. #. Tema: Como la vida misma Hay 32 comentarios.

Ostentación calculada

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Estuve a punto de ir a Libia hace unos años, pero no pasé de Argelia. Siempre me atrajo ese país, no sé exactamente la razón, aunque siempre me atraen los países que han sido colonizados de manera permanente por diferentes imperios, y, finalmente, consiguieron su independencia. Y, como siempre me suele ocurrir, la atracción está en contradicción profunda con la persona concreta que rige los destinos de su población, en este caso Muammar al Ghaddaffi, alguien que, a diferencia de Sadam Hussein, ha conseguido escapar indemne de las iras de los presidentes de EEUU a pesar de ser siempre sospechoso, con mayores o menores indicios, de estar detrás de ese "enemigo en la sombra".

  

Viene esto a colación de la actitud de este dictador en Lisboa en donde se ha hecho fabricar todo un campamento base, para residir él y los doscientos miembros de su séquito mientras asiste la II Cumbre Unión Europea-Africa. Me he puesto a pensar lo que ese alojamiento puede costar a las arcas libias y después he leído algunos artículos sobre la economía del país, y su estratificación sociológica. Naturalmente me he llevado una gran sorpresa porque Libia se puede decir que es un país económicamente rico.

  

No sé si es muy riguroso lo que voy a decir, pero me parece que este país tiene un parecido sociopolítico considerable con Qatar en donde estuve ahora exactamente hace un año. Ambos son países que dependen de una única fuente económica, el petróleo en el caso de Libia y el gas marino en el de Qatar. Esa dependencia económica en un solo frente tiene sus peligros: cuando las cosas del mercado van bien, todo es magnífico, y viceversa. Ambos tienen una tasa de pobreza mínima (en el caso de Libia solo el 7% de la población), y ambos dicen que son democráticos y, en el fondo, son dictaduras más o menos encubiertas. Aún recuerdo la presencia del emir de Qatar en la ceremonia de inauguración de los Juegos Asiáticos, que a mi me recordaba a la de Franco en aquellas demostraciones sindicales del Bernabeu de los años sesenta.

  

En cualquier caso en lo que sí se parecen mucho es en la discriminación de la mujer en casi todos los aspectos de la vida, y en la ausencia real de libertades democráticas, que nadie parece echar de menos. En Libia está vigente la llamada Yamahiryya, que viene a ser como una democracia directa. Lo sorprendente es lo poco que todo esto le importa a la población, que vive en sus afanes y en sus cosas, alejada de los asuntos de la política y de la participación en las decisiones generales. En Qatar a cambio de ese silencio existía un clientelismo institucional de gran nivel. Todo el mundo calla porque todo el mundo está comprado por el estado. En Libia supongo que pasa lo mismo o parecido.

  

Si en una democracia los gestos y las formas son importantes, en estas dictaduras encubiertas y supuestamente civilizadas lo son también. La jaima de lujo de Gadafi cuesta mucho dinero, sí, pero  a través de esa ostentación, supuestamente motivada por las necesidades de su propia seguridad, se intenta transmitir una imagen al mundo de poder, dignidad e independencia nacional que a sus ciudadanos de a pié les parece también estupenda y comparten sin rechistar. Por la cuenta que les trae.

 
07/12/2007 17:02 Autor: Roberto Zucco. #. Tema: Política internacional Hay 9 comentarios.

Adiós Cataluña

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Llevo varios días sin escribir nada, acribillado a reuniones y viajes cortos. Pero he leído un libro excelente: “Adiós, Cataluña”, de Albert Boadella, director teatral, fundador de Els Joglars, hombre polémico y significado, significadísimo en el antinacionalismo catalán, y amigo mío. Reposaba en la mesilla de noche y por fin le ha tocado el turno.

  

Me parece un libro memorable, escrito desde el despecho, la tristeza, la ternura, el humor y, siempre, en todas y cada una de sus páginas, desde la inteligencia. Está dividido en dos tipos de capítulos: los que Albert dedica al amor, y que se centran en su convivencia con Dolors Caminal, su mujer desde hace más de treinta años, y los que dedica a la guerra, es decir, a este conflicto con la tribu catalana de la que él ha decidido finalmente excluirse, teóricamente vencido.

  

Los capítulos del amor son una delicia. Yo conozco también a Dolors, pero menos que a Albert. Siempre me pareció una mujer sutil, cultivada e inteligente, con la misma sonrisa amable tanto si estamos comiendo en un buen restaurante o visitando unas obras, con barro hasta las orejas. He visto pocos cuadros suyos, pero los que he visto me parecen como ella: elaborados, sinceros y de una gran técnica, realizados con una aparente sencillez pero poseedores de una evidente complejidad que no abruma, sin embargo, a quien los observa. Es una mujer de apariencia frágil, pero rotunda, firme y exacta en sus apreciaciones. Albert va mostrando estas y otras capacidades, y la presenta como una especie de milagro en su vida, que ha sido plácida y feliz, a pesar de los pesares, gracias en buena medida a vivirla a su lado. Emplea adjetivos tiernos y generosos para describirla, subraya alguna de sus metódicas costumbres diarias y, en definitiva, nos describe una historia de amor, que encierra mucha dosis de satisfactoria cotidianeidad: los desayunos con mermeladas, las flores en casa, los detalles que para algunos serían superfluos pero que para esta pareja afortunada son, sobre todo, síntomas de un tipo de refinamiento irrenunciable. Yo sabía que se querían, lo que no sabía es que se querían tanto y tan bien.

  

La guerra. Ahí encontramos mucha tristeza, mucho sorbo amargo. Mucho de todo esto, porque yo sé que Albert nunca hubiera querido escribir estas páginas. Hace veinticinco años me dijo que se sentía feliz de saber hablar y escribir en las lenguas de Plá y de Valle Inclán. Yo pensé mucho entonces en aquella frase y me ha servido de antídoto siempre para contrarrestar el veneno ideológico de muchos queridos amigos catalanes y vascos, que lo son y lo serán siempre, y que no piensan como Albert. Esos grandes amigos con los que dejé de hablar seriamente hace tiempo de este tipo de cuestiones, por temor a perderlos y a que me pierdan por el camino.

  

Albert, como es público y notorio, denuncia una situación de opresión cultural, lingüística y política nacionalista, que viene del pujolismo y al que, en su opinión, Pasqual Maragall no puso en su momento el freno que debiera y que él esperaba. La desgracia de su diagnóstico es que la culpa no es ya solo de unos políticos que ejercen una suerte de interesada y corrupta dictadura, sino de una ciudadanía pesebrista, contaminada, cómplice, y con las facultades mentales ya demasiado erosionadas por tan prolongada sumisión. Por eso dice que se va, por eso se ha ido. El cáncer está ya demasiado extendido.

  

Pero claro, Albert es por convicción vocacional el hombre que en este país más y mejor ha desarrollado la capacidad de morir matando, y de tocar sabiamente los cojones. Son memorables las líneas que dedica a relatar sus pequeñas e inteligentes travesuras, auténticos perdigonazos en la piel del dinosaurio. Para el que no lo sepa, diré que un perdigonazo con sal escuece una barbaridad. A mí me dieron uno en el culo cuando era niño y todavía me acuerdo de sus efectos. Pues bien, esas cartas endiabladas, esas bromas salvajes, tal vez sean  munición pequeña comparada con los misiles de largo alcance que el poder emplea, con su ejército de profesionales de la cosa, entre los que Albert destaca a los periodistas de Cataluña, excluyendo a muy pocas excepciones. Pequeña pero dolorosísima. Y este señor no se ha privado jamás de utilizarla.

  

Por último, una reflexión. Yo creo que este libro sería insoportable para muchos de los que él denigra si algún día llegaran a leerlo, algo más que improbable. Independientemente de argumentos y razones, lo que le sacaría de quicio, por ejemplo, a un alcalde medio listo de Esquerra Republicana no es tanto la teoría contraria que en él se expone y desmenuza, sino la convicción de que quien lo ha escrito es un hombre feliz y enamorado, millonario y triunfador reconocido e indiscutible en su profesión.  Un hombre que le puede mandar a la mierda porque para nada necesita de sus favores, subvenciones y prebendas para seguir viviendo, desayunando y trabajando. Un hombre libre que, finalmente, se la sudan los idiotas.

  

Por eso se va, como ya hizo un día literalmente, enseñándoles metafóricamente el culo.

 
21/12/2007 23:22 Autor: Roberto Zucco. #. Tema: Literatura Hay 4 comentarios.


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