Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2007.

Resumen

La sentencia, o la cantidad de cosas que uno sabe sin darse cuenta de que las sabe...

20071102183701-aznar.jpg

Se hace pública la sentencia y todo me parece razonable en ella. No me sorprende nada que no incluya “responsables intelectuales”, o algo por el estilo. El terrorismo islamista no es el de ETA, por ejemplo. Josu Ternera da la orden de poner una bomba y otros la ponen. Estos tipos no funcionan así. Hasta yo lo sé, que no sé nada de estos asuntos, pero el juez Garzón lo explica minuciosamente en algunos medios de comunicación para quien quiera leerle.

La sentencia deja claro que ETA no tuvo nada que ver en el 11-M... ¡Bingo! Qué curioso...  Eso también lo sabía, yo que, repito, no se nada de estos temas. Bueno, en realidad lo sabíamos millones de personas, la mitad de España. La otra mitad también lo sabía perfectamente, pero no le interesaba reconocerlo. Siempre hay una España que mira para otro lado, que le gusta vivir en la mentira, en la amnesia, engañándose a sí misma. Durante los primeros años de la postguerra se seguía fusilando en las cárceles de Franco y esa misma España iba normalmente a los teatros, tanto en provincias como en la capital, a ver los estrenos de Jacinto Benavente, primero, y Alfonso Paso y José María Pemán, después, y a jalear las gestas europeas del Real Madrid, como si nada pasara.

Oigo a Blanco decir algo que también yo sabía: Aznar fue el responsable intelectual del gran fraude, Acebes su ejecutor, y Zaplana y Rajoy sus cooperadores necesarios.

Veo a Zaplana poco después pidiendo que el presidente se desdiga. En su opinión Zapatero debe reconocer que el atentado del 11-M no tuvo que ver nada con la guerra de Irak…

Y digo yo: ¿porqué el portavoz de la oposición de derechas le pide al presidente del Gobierno de España que mienta? Porque yo, que no sé nada tampoco de estos temas, sé perfectamente que aquel brutal atentado de Atocha fue la consecuencia directa de que un presidente de España enloqueciera y nos metiera, contra la opinión mayoritaria de todo un país y su propia mala conciencia, según se ha sabido después, en una guerra injusta, ilegal y peligrosa. Es decir, más injusta, ilegal y peligrosa que las "normalitas". Una guerra que se organizó ante la evidencia de que en Irak había armas de destrucción masiva... Qué extraño: yo, que no sé nada de armas de destrucción masiva, ni de petróleo, sabía también perfectamente que Irak tenía petróleo, pero no armas de destrucción masiva... Sadam Husein era un cabronazo, pero no hacía milagros. ¿Como iba a fabricar ese tipo de armas después de que EEUU había borrado del mapa todas las instalaciones militares para poder construirlas, que los satélites espías realizaban eficazmente su trabajo, y que las medidas de aislamiento asfixiaban una economía que apenas podía producir cepillos de dientes? Si España no hubiera participado en esa guerra, a unos locos asesinos afincados en Madrid y Leganés no se les hubiera ocurrido perpetrar aquella gran salvajada a modo de respuesta. Eso yo lo sospeché entonces y ahora lo sé con certeza manifiesta. 

Por último oigo a Rubalcaba decir que no entiende como el PP se empecina en mantener un debate del que él huiría como de la peste... También a mí me extraña mucho. ¿Porqué siguen estos tipos alimentando dudas sobre la autoría, si ya nadie en su sano juicio puede tenerlas, e incluso ahora que en sus propias filas se empiezan a escuchar voces pidiendo que Rajoy de una vuelta de timón y, aunque no pida perdón ni reconozca ninguna culpa, se dedique a mirar hacia delante? Pues bien, esto último es lo único que yo, que no sé nada de estos rollos, tampoco sabría contestar. Tal vez porque soy incapaz de meterme en la cabeza de algunos locos, de algunos mentirosos complusivos, de algunos a quienes la verdad les acorrala contra la pared de la historia. Lo pagarán caro. Democráticamente caro.

02/11/2007 18:37 Autor: Roberto Zucco. #. Tema: Política nacional Hay 4 comentarios.

Cercanías

20071112011727-lineas-ave-recuperan-normalidad-retrasos.jpg

Cercanía 1.

 

Paso parte del fin de semana en Barcelona y compruebo el asunto de los trenes de cercanías. Es un auténtico desastre. El tren llega a la estación de Tarragona y allí nos esperan unos autobuses. Todo son atenciones, que de alguna manera intentan paliar las deficiencias y las molestias: descargar las maletas, introducirlas en la bodega del autobús, etc. Toda esta maniobra genera un retraso importante. Si esto me molesta a mí, que no he tenido que madrugar y que en el fondo no tengo prisa alguna en llegar, me imagino lo que debe ser padecerlo todos los días dos veces para ir y volver del trabajo.

 

Intento fijarme en lo que en Barcelona y Cataluña todo el mundo sabe: las infraestructuras son aquí un desastre, desde luego mucho peores que las de Madrid y sus inmediaciones. Se nota que después del esfuerzo inversor que el estado hizo en el 92 con motivo de las Olimpiadas, se ha dejado un poco de la mano de dios a esta parte de España. Lo peculiar del caso es que Cataluña parece la comunidad favorecida por excelencia. Creo sinceramente que no es verdad, que ya no lo es.

 

Cercanía 2.

 

Ya en Barcelona. Me hospedo en un hotel que está en Vía Meridiana. No me gusta nada. No se corresponde para nada con la catalogación de calidad que se le supone. Es viejo, destartalado y feo y los recepcionistas no son nada simpáticos ni atentos con los clientes. Por si fuera poco, la habitación es claustrofóbica y me largo rápidamente de allí para irme a cenar con una persona que me apetece mucho ver desde hace tiempo. Cenamos en un japonés. La conversación es agradable y la copa posterior también. Amigos/as lectores: esta vez no diré de qué va el asunto. Lo que sí puedo informaros es de que la habitación está exactamente igual de desastrosa cuando llego a ella unas horas más tarde. Me duermo con la televisión encendida.

 

Cercanía 3.

 

Tren de vuelta. Misteriosamente no tuvimos que hacer ningún trayecto en autobús. Por lo visto hoy RENFE aplica otras soluciones. Nos evitamos los trasbordos pero no el retraso. Creo que me duermo un rato. Cuando me despierto, leo por encima el suplemento cultural de La Vanguardia. Aparece un artículo sobre el coeficiente intelectual de los presidentes de los Estados Unidos. Me hago una apuesta a mí mismo: deducir la inteligencia por la cara. Es curioso: los acierto todos, del más tonto al más listo, y perdón por la expresión. El más tonto no haría falta decirlo: Busch hijo, aunque el padre tampoco tiene mucho más cerebro.

 

Cercanía 4.

 

El domingo en Zaragoza es rutinario. Pierde el Zaragoza, no salgo de casa y me entero de la monumental bronca que se monta en la cumbre iberoamericana de Chile. Chaves es un tocapelotas, tiene todos los tics del dictador latinoamericano de toda la vida, con ese discurso arrogante y demagógico que unas veces se apoya en el agravio histórico y otras en un populismo infumable. Pero claro, tiene razón: Aznar es un fascista. El Rey de España le corta de malos modos, y luego se va. Tampoco me parece bien. El no es el moderador, y creo que mete la pata en las formas y el fondo. Estoy de acuerdo con Llamazares.

 

Me entero también de la monumental batalla en la estación de metro de Legazpi. Muere un chico de dieciséis años que acudía a una concentración antifascista. Después sus compañeros antifascistas queman unos cuantos contenedores en protesta por casi todo. Pobre chaval.

 

Por la tarde mi tía M. me llama desde la residencia para hacerme un diagnóstico sobre lo mal que está el mundo. Si ella supiera.

12/11/2007 01:17 Autor: Roberto Zucco. #. Tema: Como la vida misma Hay 4 comentarios.

Fernando

20071122202335-00.jpg

Para mi fiel y querida Amaltea.

Llego a Madrid y un taxi me deja en breves minutos en los aledaños de la plaza de Santa Ana. Vengo para despedirme de mi amigo Fernando Fernán Gómez y para decirle a Emma Cohen lo mucho que la quiero.

  

En la puerta del Teatro Español se aglomeran los periodistas y los vehículos de los diferentes medios de comunicación. Es un gran montaje que da idea de la gran popularidad de Fernando. En el interior hay mucha gente en el patio de butacas, perdidos en sus propias reflexiones y en un océano de susurros. Gente que piensa, que habla bajito, mientras por la megafonía se escuchan algunos tangos de Carlos Gardel. La penumbra es envolvente y todo tiene un aire de puesta en escena entrañable y calculada: el ataúd, en medio de la escena, y una enorme foto de Fernando presidiendolo todo. Huele a flores y a respeto profundo. Yo voy directamente hacia donde está Emma que me mira un poco perdida, “obtusa”, como ella misma confiesa bromeando. Esta mujer tiene fuerzas para todo, pero hoy la veo muy cansada, con unas enormes ojeras. Me presenta al médico que por lo visto ha estado al cuidado de Fernando hasta el último momento. Le acaricio la cara. Me pide que me siente a su lado y ella desaparece al poco rato. Desde allí, a pocos metros del féretro, veo a las personas que entran y salen y escucho sin proponérmelo las conversaciones: todos hablan del magisterio de actor fallecido.

Aquí hay tristeza, pero también, no sé cómo expresarlo, hay alegría, incluso sentido del humor.

  

Cerca de mí, sentados también en las sillas dispuestas a ambos lados del escenario, están, entre otros, Paco Algora, Julieta Serrano, Tina Sainz y Nuria Espert, que acaban de leer unos poemas. También están Massiel, Carmen Calvo, el Presidente del Senado, José Luís Alonso de Santos, etc. Gente anónima y gente muy conocida que han venido a lo mismo: a despedirse del último maestro de verdad de los escenarios españoles.

  

El féretro está recubierto de una bandera roja y negra. Fernando fue toda su vida un anarquista vocacional, y este último homenaje a sus principios me parece que contiene mucho de desafío a lo políticamente correcto. Emma luce una sonrisilla que no puede ocultar su inmenso cansancio. Ayer mismo me mandó un mail en donde me anunciaba la inminencia de la muerte.

  

Desde mi silla recuerdo el día en que los conocí a los dos, en su casa de las afueras de Madrid, y en lo amables, hospitalarios y buenos que siempre fueron conmigo a partir de entonces. En el viaje he podido leer diversas crónicas sobre la vida y la obra de Fernando que me descubren facetas que yo no conocía demasiado bien. En alguna crónica sale mi nombre, porque tengo el honor de haber sido la persona que convenció a Fernando para que dirigiera teatro después de llevar más de veinticinco años sin hacerlo. Con esa obra, de la que Fernando también era autor, consiguió un Premio Max de las Artes Escénicas que tuve también el honor de recoger en su nombre. La estatuilla estuvo en mi poder varios meses hasta que se la llevé y nos tomamos unos whiskis y unos tacos de tortilla de patata que estaban inmensos, como siempre.

  

Me saludan varios amigos y conocidos, y como Emma no aparece, me voy discretamente sin despedirme de nadie. Cuando salgo a la calle veo que se mantiene la aglomeración de los periodistas. Madrid está agitado: me encuentro a Felipe González en la puerta del Hotel Palace de donde sale para meterse en un coche oscuro. A pocos metros se prepara una manifestación antifascista. Cientos de jóvenes con un aspecto inequívoco antisistema deambulan por las inmediaciones del Museo del Prado y la estación de Atocha. Me viene este pensamiento a la cabeza: ¿Cuántos de ellos conocerán “Las bicicletas son para el verano”? La policía nacional está pertrechada con todos los artefactos para la ocasión. El día está soleado y yo me voy de esta ciudad con la inmensa tristeza de saber que nunca más veré la desgarbada figura de Fernando, ni oiré su voz maravillosa, riéndose con mis gracias. Esa voz inconfundible con la que contaba infinitas anécdotas de su larga trayectoria, verdaderas lecciones de las que he intentado aprender siempre.

Lecciones gratuitas pero, al mismo tiempo, impagables. Y pienso que haberle conocido ha sido una de las mejores cosas que me han pasado en la vida.

22/11/2007 20:23 Autor: Roberto Zucco. #. Tema: Teatro Hay 4 comentarios.

Parejas

20071126133535-1500-1253-pareja-conduciendo-posteres.jpg

En esto de la bellleza y la fealdad hay mucho de subjetivo. Escribo desde una cafetería con un gran ventanal a la calle. Veo pasar personas, que van y vuelven de sus quehaceres. Me fijo especialmente en las parejas. Son complementarias. Lo juro: no he bebido mucho.

  

Quiero decir que los componentes de las parejas suelen ser complementarios: igual de guapos y de feos, con excepciones, pero con pocas excepciones. Responden a tipos estéticos similares: parecida forma de vestir, parecidos ademanes, parecidas formas educacionales, aparentemente con parecidos coeficientes intelectuales, etc. Supongo que no estoy descubriendo nada nuevo, pero nunca me había fijado en esto tan detenidamente como hoy, y nunca lo había visto tan claro.

  

Si esto es así, Schopenhauer no tendría razón cuando decía aquello de que “cada cual ama precisamente lo que le falta”, sino que, por el contrario, cada cual ama lo más parecido a sí mismo, su exacta prolongación, su propio retrato.

Con excepciones, entre las que yo me encuentro. Yo amo exactamente lo que me falta, lo que me añade algo, lo que me mejora o lo que me empeora, lo que me complementa. Me voy a poner estupendo: yo amo lo que me niega.

26/11/2007 13:35 Autor: Roberto Zucco. #. Tema: El pequeño filósofo Hay 9 comentarios.


Blog creado con Blogia. Derechos de autor con . Estadísticas. Suscribir RSS. Admin.
Blogia apoya: Fundación Josep Carreras, y Evento Blog España. Vota en los Premios Bitacoras.com [Blog Oficial en LaInformacion.com]