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Resumen

17/05/2008

Una nueva etapa...?

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Durante estos meses pasados no he escrito nada en este blog, y hoy, sábado por la tarde, solo en casa y un poco aburrido, entro en él y me pongo a escribir estas líneas que supongo que son el comienzo de una nueva etapa.

 

Como ya dije una vez, no hay nada más triste que ver un blog abandonado por su dueño, como si fuera un perrillo en mitad de la ciudad. Es un espacio desolado, y en donde se va amontonando la inmundicia, el polvo, los residuos, y, esporádicamente, algún comentario, escrito por algún lector que entró por casualidad preguntando: “Hay alguien ahí…?” Y no, dentro no hay nadie que pueda contestarle. Hace poco estuve visitando las ruinas de Belchite, ese pueblo aragonés destrozado por las bombas republicanas durante la guerra civil, y me acordé de mi propio blog con un cierto sentimiento de culpa.

 

En el mío no ha habido nada nuevo desde que reproduje estos versos de Angel González el día de su muerte.

 

Me gustaría volver a escribir cada día, o al menos eso creo ahora. Como ya he dico en alguna ocasión, empecé en esto por pura casualidad: una tarde de domingo leí en El País que “el fenómeno de los blogs era uno de los más relevantes en el mundo de internet en Estados Unidos”, y, llevado sobre todo por la curiosidad, me encontré metido en ese mundo casi sin pretenderlo. Hasta ahora he tenido tres blogs, y en todos he utilizado como seudónimo el nombre de Roberto Zucco, ese personaje de asesino misterioso ideado por el autor teatral francés Bernard Marie Koltés y que da nombre a una de sus escasas piezas.

 

El primero (www.roberto_zucco.blogs.com) se mantuvo durante los dos primeros meses de 2005, y me sirvió sobre todo para diseñar los temas sobre los que iba a escribir en el segundo (www.robertozucco.bitacoras.com). Este llegó a tener una cierta repercusión en esta indefinible audiencia de la blogosfera. Gracias a él conocí a algunos amigos y amigas. Y cuando digo conocí, digo conocí. Fue un periodo de dos años extraordinario, acumulé casi trescientos artículos, y esa pequeña obligación de escribir no solo no fue para mí una carga, sino, por el contrario, fue algo que sirvió para disciplinarme, para enseñarme a mí mismo a hacerlo cada día un poco mejor. En algunos momentos el blog de Roberto Zucco fue una plataforma de opinión sobre temas variados relacionados con la cultura, la política, la literatura, el teatro, etc. Recibía muchos comentarios al día, desde España y Latinoamérica, y eso me obligaba a su vez a ponerme las pilas y seguir escribiendo. Fue estimulante para mí y creo que para algunos fieles que esperaban con cariño mi siguiente entrega para sumergirse conmigo en el debate o simplemente para leerme en la oscuridad discreta del anonimato.

 

Pero estas cosas van unidas a las experiencias personales que uno va teniendo en la esfera de la vida real, valga la expresión. Mi vida se agitó en lo personal y en lo laboral y ambos aspectos fueron acaparando demasiado mi paleta de pinturas y de temas. En cuanto a lo primero, comencé a vivir una experiencia sentimental que eclipsó otros aspectos de mi vida, y ahora me doy cuenta que mi blog se convirtió en exceso en una crónica sentimental de mí mismo. Abandoné los temas que más interesaban a mis lectores habituales y conté en exceso los pormenores de una relación que atravesó momentos de zozobra motivados por el origen de mi pareja y su situación de ilegalidad en España.

 

Coincidió ese periodo con un cierto hartazgo de bitácoras, la empresa que alojaba mi blog, que se estropeaba un día sí y otro también, y en donde colgar un post nuevo se fue convirtiendo en una especie de odisea. Y me pasé aquí, a blogia (www.robertozucco.blogia.com), en donde seguí escribiendo en la dirección apuntada manteniendo la mayor parte de las secciones que había creado en mi anterior morada. Pero fue el declive porque en esa ocasión mi trabajo, muy absorvente e intenso, me obligó a viajar, a reunirme, a pelearme con mi jefe, y toda esa actividad me fue robando el tiempo y restando paulatinamente la motivación.

 

Primero fue la frecuencia en escribir que se fue espaciando lentamente: de hacerlo todos los días sin dificultad alguna, pasé a hacerlo cada dos días, cada tres, cada semana… Paralelamente los temas, que se iban acabando poco a poco. Consecuencia de ambas circunstancias, escribir se fue convirtiendo en una progresiva pesada obligación que ya no me reportaba el placer del principio y que se fue transformando sencillamente en una carga insoportable.

 

Hasta que hoy, sábado por la tarde, mientras que en la televisión un locutor vocifera los goles del Barcelona ante el Murcia, ya descendido a la segunda división, y un día antes de que el Real Zaragoza juegue contra el Mallorca el partido de su salvación o de su condena, he entrado en mi último blog, y obedeciendo no sé que extraña voz interior me he puesto a escribir estas líneas que van a ser las primeras de una nueva etapa.

 

No me comprometo a nada porque no quiero decepcionar a nadie, pero asumo esperanzado la obligación -tierna y dura obligación-, de escribir para cuantos queráis leerme de vez en cuando.

17/05/2008 22:57 Autor: Roberto Zucco. #. Tema: Como la vida misma Hay 8 comentarios.

19/05/2008

Zaragoza no quiere ser de segunda

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Yo creo que en este momento Zaragoza y los zaragozanos estamos atravesando un momento de expectación. La ciudad cambia día a día, y después de unas obras que han contribuido a ponernos de mala leche durante semanas y semanas, aparecen, como por arte de birlibirloque, una nueva pavimentación, una nueva plaza, una nueva iluminación en la calle, y, sobre todo, el río Ebro. Porque, a diferencia de lo que les ha pasado a algunas de las grandes ciudades europeas que se han sentido orgullosas de su río, para nosotros el Ebro ha sido el gran oculto, o, en el mejor de los casos, un límite sicológico y urbano del que preferíamos prescindir en nuestras vidas cotidianas.

 

El otro día paseé por el río con mi hijo y ambos disfrutamos de esas nuevas riberas que conducen a la Expo, atravesando jardines, imaginativas fuentes y espacios de ocio. Miles de personas como nosotros reían alborozados, y escuché a un joven decir, imbuido de una extraña madurez reflexiva, que las generaciones anteriores no habían tenido la suerte de disfrutar de un paisaje que estaba tan cerca y tan lejos al mismo tiempo. Una nueva pasarela peatonal une los barrios del Actur y de la Almozara, cercanos en la distancia, pero separados históricamente por el río, que ejercía de frontera. Ahora hasta parece que los edificios de un lado y de otro se han dado la vuelta para mirarse a la cara, aburridos ya de darse la espalda durante decenas de años de mutua indiferencia.

 

Pues sí, Zaragoza está cambiando para bien. Son ya, sin duda, los primeros compases del "efecto Expo", que además de lo que va a significar en sí misma durante los tres meses de celebración, nos va a dejar un nuevo urbanismo, un parque metropolitano extraordinario y una transformación de las riberas del Ebro sencillamente espectacular, salpicada por intervenciones de los mejores artistas del mundo. A algunos nos gustaría que, además de todo esto, que es mucho, nos dejara también un cambio de mentalidad que nos hiciera ser más optimistas, más confiados en nuestras propias fuerzas, más abiertos y tolerantes, y más generosos.

 

Y, en ese contexto de esperanza, el Real Zaragoza acaba de bajar hace tan apenas unas horas a la segunda división del futbol español. El que se decía que era la mejor plantilla de sus setenta y cinco años –este año se celebraban, precisamente-, ha perdido hace unas horas un partido en Mallorca que, de haberlo ganado, hubiera mantenido al equipo en primera. Supongo que alguno de los que leen estas líneas puede calibrar el perjuicio que esto representa. No solo porque el futuro económico y deportivo de la entidad está ahora mismo en la cuerda floja, sino porque, en el momento en que escribo estas líneas, hay miles de zaragocistas con el corazón partido, como yo lo tengo.

19/05/2008 00:11 Autor: Roberto Zucco. #. Tema: Como la vida misma Hay 2 comentarios.

25/05/2008

Chikilicuatre

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Mientras hago zapping me encuentro a Chikilicuatre interpretando ese bodrio de canción que este año representa a España en el Festival de Eurovisión. Ya puestos, me quedo, y veo las últimas actuaciones y la votación, que ya no es lo que era.

 

Recuerdo –todos lo recordamos-, aquellas noches en las que desde cada país de Europa, se votaba y en ello parecía irnos la vida. En un mundo precario en cuanto a tecnología y comunicaciones, este Festival nos parecía un auténtico milagro, y las votaciones, el ritual de una democracia extraña y lejana, que para los españoles era, por cierto, la única. El régimen de Franco se la jugaba cada año y aquel “La, la, la”, le vino muy bien a Massiel, pero le vino mejor a Franco porque desde España y a través de ese abrigo de chinchilla se daba una imagen falseada de normalidad, incluso de glamour, y de que en este país éramos muy marchosos y creativos.

 

Porque si entonces ir a Eurovisión era una cosa muy seria, ganar el Festival era una hazaña propia del mismísimo Viriato. En realidad hasta hace muy poco que participar y ganar todavía lo eran. Recuerdo que cuando Rosa, la cantante ganadora de la primera edición de Operación Triunfo nos representó, volvimos a sentir colectivamente otra vez una sensación de que nos estábamos jugando algo importante, como consecuencia de que ese programa significó una auténtica bomba. Por un momento pensamos que los demás conocían a nuestra querida concursante como nosotros la conocíamos y queríamos, después de haber competido durante meses con Bisbal y Bustamante, entre otros. Por eso, cuando quedó la séptima en Letonia en la edición de 2002, se produjo esa reacción tan airada y se alimentó nuevamente la teoría de la conspiración contra las esencias de la patria.

 

Para nosotros se ha mantenido inalterable una cosa y ha cambiado claramente otra.

 

Lo que se mantiene igual es José Luis Uribarri, cuya voz al menos parece que no envejece. En su retransmisión habla como si los países fueran grupos de colegiales traviesos que se votan unos a otros en función de la coincidecia en sus gustos y planes para los fines de semana. "Son como niños, los bielorusos...", parece querer decirnos cuando éstos votan a los letones. Lo curioso es que con ese paternalismo que le caracteriza hacia este festival tan querido para él, la mayor parte de las veces acierta en los pronósticos. Es decir, manejando estadísticas e intuición propia, casi es el único que ya sabe quien va a ganar, incluso antes de que los europeos voten y los participantes participen.

 

Lo que ha cambiado es la propia consideración del Festival. Mandar a Chikilicuatre es, además de una broma de dudoso gusto, un desafío a la propia ortodoxia y a las esencias que en otro tiempo se consideraban sagradas. Mandar a ese actor de La Cubana, haciendo un personaje que, según sus propias declaraciones, ya empieza a pesarle como una losa, es ir a perder directa e irremediablemente y, de paso, a reírse del propio festival.

Esto ha ocurrido en una edición en la que, a juzgar por las impresiones de algunos comentaristas, el nivel de calidad ha sido bueno, o mejor al menos que en años anteriores, lo cual subraya y cuestiona todavía más la estupidez de mandar a este señor que, por cierto, se ha quedado en el puesto 17, pero gracias a los doce votos amistosos de Andorra. ¿Son como niños los andorranos, verdad Uribarri...? Da la impresión de que la ocurrencia de Buenafuente ha derivado en bromazo que al final se han terminando tragando sus propios instigadores.

 

25/05/2008 17:57 Autor: Roberto Zucco. #. Tema: Como la vida misma Hay 4 comentarios.

31/05/2008

Empezar a ser lo que soy (1)

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 “Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es”.

 

             Jorge Luis Borges

(“Biografía de Tadeo Isidoro de la Cruz”).

 

Como he tratado de explicar, la ruptura con mi novia oficial fue debida a la lejanía que poco a poco se fue creando entre nosotros. Esta situación se fue agigantando con el paso del tiempo, por cuestiones de índole intelectual y política, pero yo creo que las fundamentales fueron de orden estrictamente vivencial. Con ella me aburría por el día, pero las noches, sin ella, eran otra cosa. Eran el espacio en donde lo lúdico y lo intelectual se juntaban con una especie de extraña naturalidad, gracias a la presencia en mi vida de unas personas con las que compartía, y de qué modo, el mismo o parecido sentido de la existencia. Estoy hablando de Alvarito y de Chuchi, y en un plano un poco más lejano de Eugenio, Antonio y Jesús V.

 

Los dos primeros habían sido compañeros de jesuitas. Alvaro era un chico alto y desgarbado, muy inteligente, que estudiaba matemáticas, pero que sin embargo poseía también el frecuente hábito de la lectura. Chuchi había sido compañero de clase y de gamberradas. A ambos les unía la circunstancia casual de que vivían en el mismo bloque, muy cerca también de la calle María Lostal, donde yo seguía compartiendo piso con mis padres. Nuestra relación durante aquel periodo era diaria, y esperábamos impacientes a que anocheciera para concertar la cita habitual y perdernos por nuestros lugares favoritos hasta altas horas de la madrugada. Con ellos vivíamos, pero de manera francamente intensificada esa costumbre de trasnochar que empecé a cultivar en los últimos años del bachillerato. Eugenio y Antonio eran compañeros míos de Facultad, estableciéndose un puente de diversión y de ideas que en algunos momentos era realmente insuperable.

 

Y es que nos lo pasábamos francamente bien, y recuerdo aquellas noches como uno de los periodos más divertidos y creativos de mi vida. Los tres compartíamos muchas cosas: sentido del humor, gusto por la lectura, tendencia al insomnio y gusto por la bebida. Todo un cóctel que conseguía que las horas se nos pasaran volando.

 

Pero no sé cómo aparecieron “las vascas”, que eran amigas de Mercedes, la chica de Vitoria con la que yo había hecho aquellas primeras obras de teatro en el Teatro Universitario. Además de ella, estaban Begoña, Carmen O., y, en un segundo término, Carmen C. y algunas otras de cuyos nombres no logro ahora acordarme. Para colmo de  coincidencias, su piso de estudiantes, que fue durante mucho tiempo nuestro centro de operaciones, estaba en Madre Vedruna, es decir, en un punto medio entre los edificios en donde nosotros, la parte masculina de la pandilla, vivíamos respectivamente.

 

Se puede decir que aquellas chicas eran nuestro correlato femenino. Es decir, compartían con nosotros ese extraño punto medio entre la bohemia y el compromiso que para los demás era habitualmente inaccesible. Entre nosotros nació una relación nocturna, amistosa y profundamente lúdica, que iba a durar dos o tres años.

 

La verdad es que solíamos beber bastante y el alcohol fue la única droga que consumíamos de forma grupal. Creo que su consumo es bastante peligroso, es absurdo negarlo, y más cuando éste se convierte en un hábito diario de relación con el mundo. Por las informaciones que me han ido llegando al cabo de los años, sólo Mercedes ha tenido algún problema especial con ese asunto, pero yo creo que la razón hay que buscarla no sólo en la cantidad de litros de uno termina bebiendo, o la desigual resistencia de los organismos, sino en factores también relacionados con la forma de ser de las personas. Mercedes bebía como nosotros, ni más ni menos, pero creo que, al final, la bebida ocupaba un lugar central en su existencia y para nosotros era sólo un mecanismo peligroso de relación.

 

Siempre me ha gustado beber, precisamente porque jamás he dependido de la bebida. Las veces que he bebido no ha sido para olvidar nada, sino más bien para todo lo contrario: para subrayar lo que estaba viviendo. Alcohol y alegría han sido compañeros habitualmente inseparables, y, por si fuera poco, he tenido la inmensa suerte de poseer un hígado que me avisa frecuentemente, incluso con un cierto margen, dónde se encuentra el límite que está dispuesto a tolerar. Creo que en este asunto he sido cauto e incluso calculador, y que en muchas ocasiones he bebido menos de lo que parecía que estaba bebiendo porque, en íntima relación con mis vísceras, me he dejado las copas a medias mientras que los demás se las bebían hasta la última gota.

31/05/2008 00:16 Autor: Roberto Zucco. #. Tema: Mi patria es mi infancia Hay 1 comentario.


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